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Posted by on Dic 5, 2017 in Notas | 0 comments

Carta a la tierra

Carta a la tierra

Carta a la tierra
 
Esta carta escribí hace dos años, para el día de la inauguración de la Sede de Símbolos Cuánticos de Kryon en Argentina. Me tocaba reabrir un capítulo de mi vida nuevo, diferente, conocido por mi en otras vidas, pero en ese momento tenía que volverlo a experimentar en esta con una nueva conciencia.

 
Desde mi vida en Lemuria nunca nada volvió a ser como antes. Pues en mis recuerdos está que esa fue mi primera encarnación en el planeta tierra. Vine directamente de la estrella que es mi casa llamada MAIA (es una de las estrellas y sistemas de las Pléyades) y elegí nacer en planeta para colaborar con el plan divino. Ya había estado en la transición cuando pasamos el marcador (la dualidad) en ese sistema, y decidí venir al planeta a colaborar por lo mismo. Pero en el momento del hundimiento gran parte de mi maestría (desde lo humano) cayó cuando estuve en el final de lemuria, cuando el sentimiento de pérdida fue tan grande que las bajas frecuencias terminaron por inundar mi ser y dejarlo en estado de “pérdida de fe” durante mucho tiempo.
 
*Aprovecho para contar que en Lemuria muchos nos nombrábamos con el nombre ángelico, del yo superior, y como segundo nombre iba el de la estrella de la cuál proveníamos. En mi caso era Aripka (nombre ángelico) Maia (la estrella de la cuál provenía)
 
En esta vida tuve que sanar muchas de esas fracturas hasta poder sentirme completa nuevamente.
 
En 2014 y principios de 2015 ya sentía la presencia de una vida en mi campo y sabía que quería y había elegido ser madre. Era lo que más anhelaba… la co-creación fue tan infinita que el día de mi cumpleaños número 30 me regalaron a mi alma afín. Si, lo conocí justo el día de mi cumpleaños. Cuando nos reconocimos ambos supimos que íbamos a ser padres de esa vida. De hecho ya se presentaba la conciencia de Gaia (nuestra actual hija de 1 año y medio) a través de sueños, personas, en el astral…
 
Pero quedar embarazada fue el principio del fin de un viejo miedo… un profundo y antiquísimo temor a volver a entregar un hijo a tierra ya que mi último recuerdo de dolor en Lemuria fue el de pérdida y desconfianza hacia ella por habernos quitado todo lo que teníamos. Claro está que ese sentir nacía desde los lugares más mundanos. Ahora todo es distinto… y quiero compartirles, para quien resuene, la carta que le escribí a la tierra el 12 de Diciembre de 2015 (embarazada de mi hija y a punto de dar a luz mi espacio en Belgrano)
 
Me parece importante compartir esta experiencia porque a lo largo de estos 10 años que llevo ofreciendo consultas personalizas y estando en contacto con las personas en talleres, he visto repetirse este patrón en tantas mujeres…. en tantos hombres… con un profundo y escondido miedo de enraizamiento en la tierra, de allí que parte de los filamentos que antes estaban conectados a ella se hayan desconectado por tantos siglos. Entonces vivimos en su suelo, pero sin una entrega genuina y confianza hacia su esencia. Esta también sucede con la madre biológica, a veces hay una desconfianza en la naturaleza que nos trajo.
 
Esta herida ancestral se repite de generación en generación. Entonces también surgen los problemas de abundancia puesto que tienen que ver con la confianza en la nutrición que esa mujer puede darnos (la madre biólogica y la madre tierra)
 
Les comparto la carta que escribí aquel día que pude tomar plena conciencia del dolor que me generaba volver a enraizarme en la tierra y cómo, al entregarme, sentí una gran liberación para gestar y dar a luz a mi hija real y los hijos virtuales que estaba por parir.
 
Gaia:
 
Hace aproximadamente 13,000 años te entregamos a nuestros hijos.
 
Como madres-padres lemurianos que fuimos nos dejamos vencer ante el impulso de tu tempestad para darle paso a toda la purificación que necesitabas realizar en tu cuerpo. Después de muchos resfríos, estornudos, fiebre y revolución final, tapaste con tus aguas nuestras tierras llevando todo lo que alguna vez había sido…
 
En el plan galáctico no existen los culpables, simplemente tareas que se tienen que realizar. Cuando lo observamos desde el plano multidimensional todo es mas fácil puesto que no existe la dualidad y desde ese espacio nosotros también elegimos que “ese medio” sería el correcto.
 
Pero cuando te quedas en un plano terreno, viviendo tu “humanidad” sentimientos duales navegan y florecen como los lapachos en la primavera y todo se registra diferente. Y es por eso que hoy estoy acá, escribiendo y plasmando este mensaje.
 
Hoy, he comprendido la ultima de las esferas que necesitaba profundizar antes de dar y afirmar mis pies en el siguiente paso… no lo hubiese hecho sin lograr ver lo que ahora veo…
Con una hija en mi vientre y otro por comenzar a crecer afuera sentí miedo a entregarte, una vez más, a nuestros hijos…
 
En aquel tiempo, cuando todo se hundía en nuestra tierra sagrada y santa “la lemuria” guardé un dolor muy grande…
 
Gaia, vine desde muy lejos a servirte, y te conocí de antes… supe de ti y el universo entero te conoce y te conocerá más…
 
Eres la conciencia viviente mas grande de este espacio y honrarte es honrarnos… pero en estos últimos tiempos, desde la gestación de estas nuevas vidas, mi ser entró en una gran dualidad. ¿Como voy a entregarte nuevamente a mis hijos (nuestros hijos) si los entregamos en un pasado y nos lo quitaste?
 
¡Que sentimiento tan dual y humano he logrado sentir gracias a esta experiencia!
 
Si me preguntas alguna vez que es ser un humano, te diré que serlo es llegar a sentir desde tus entrañas cuando algo te da alegría, felicidad o te quita lo más preciado. Desde mi corazón se que en el plan divino nadie te quita nada, es simplemente la rueda de la experimentación, que sigue girando, continua con su curso y manifestación. Para que una nueva vida nazca algo debe morir. Y tuviste que morir con nosotros dentro… y todos morimos… y los que quedaron murieron también en algún plano, pues ante semejante cambio es imposible no sentirse tocados e invadidos de esa sensación.
 
En aquel tiempo, cuando todo ya estaba perdido, más bien transformado, decidí ser portadora de un códice que recogimos y guardamos una gran parte del tejido de la hermandad lemuriana. Estos códices quedaron en puntos ciegos dentro del tejido gaiano, ya que solo los podía abrir nuevamente en estos nuevos tiempos con el permiso y ayuda de los abuelos que custodiaron.
 
Y para dejarlo sellado, alguien tenía que darse a hacerlo, y como tantos otros hermanos elegí guardar el último de los suspiros para impulsarme dentro de una canoa hacia tierras mayas… y muchos fueron sosteniendo y acompañando desde el éter. Tu lo sabes Gaia… tu estuviste ahí, Recibiste el ADN de nuestra especie para dejar registrada toda nuestra obra desde la propia creación del padre-madre Dios. Y así lo hicimos.
 
Te servimos Gaia… te servimos y hemos venido a servirte de nuevo. Así como tu sirves a un sistema mayor, nosotros servimos a tu red crística, para volverla a encender, y continuar con nuestra propia evolución como especie.
 
Y todo esto lo puede ver y acomodar en mi conciencia hoy…
 
Desde aquel tiempo mis pies quedaron en el aire, y les costó asentarse… aún les cuesta… me entregué y confíe en el padre cielo, quien nos cubrió y nos regresó a casa luego de tanto naufragar.
 
La parte de mi que quedó herida en mi campo de ADN multidimensional decía esta mañana mientras lloraba en la cama mirando el un cuadro de la Virgen de Guadalupe que tengo en el living:
 
“No voy a entregar ni un centímetro de mis pasos sin estar segura que esta vez, valdrá realmente la pena”
 
Y se me vino nuevamente todo el dolor de aquellos tiempos…
 
Gaia, hoy, llevando en mi cuerpo una vida que viene a nutrir entramados de tu especie, y asentada en tu base partes del códice divino, quiero decirte que finalmente me entrego y te vuelvo a entregar mi vida, obra y servicio… desde la humilde semilla que vengo a aportar para tu crecimiento, expansión.
 
Luego de todo un pedido y reflexión puede discernir sobre lo que estaba pasando: resistencia… miedo… para llegar finalmente a la entrega que hoy te vengo a dar.
 
Hoy, día 12 de diciembre de 2015, tu día, día de la virgen de la Guadalupe te ofrendo y te ofrezco nuevamente a estos hijos… comenzando por símbolos cuánticos de kryon y claves tonales pleyadianas, que parí como hijos de la nueva era, luego de mucho trabajo previo de parto, contracciones que se manifestaban desde hacía años para aportar luz a este nuevo ADN que esta despertando… sabiendo que estos hijos ya están creciendo y dando a luz nuevos, y seguirán dando más y más a nuestra tierra.
 
Y continuando por nuestra hija, que llevo dentro, quien vino a impulsarme en este momento para reconocer que hoy debo reconciliarme contigo.
 
Me entrego a ti Gaia.. aquí estoy de nuevo y por eso vine.
 
Gratitud, gratitud, gratitud
 
Aripka Maia
María José Bayard
 
¨Me concedo el don de despertar cuando haya amanecido”
Así es.
 
Pd. Cuando escribí la carta estaba apenas de 3 meses de embarazo… no sabía que mi hija sería una mujer. Tiempo después supe el sexo, y cuando lo supe ya sabía que su nombre sería Gaia.

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