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Posted by on Feb 7, 2014 in Notas | 0 comments

Conquistarse a uno mismo

Conquistarse a uno mismo

Yo quería conquistar el mundo y por querer conquistarlo me olvidé de mí…

El eco de estas palabras resuena en el ADN de nuestra especie, que a lo largo de las encarnaciones ha buscado conquistar territorios, ciudades, personas y todo lo que se cruzara por el camino.

¿Cuántas veces hemos mirado al exterior olvidándonos de nuestro propio mundo y poder interior?

¿Cuántas veces hemos puesto nuestro poder en otras personas, y producto de ello, hemos olvidado que nosotros somos nuestro propio maestro?

Yo quería conquistar el mundo y ser el centro del universo, pero en este acto me olvidé de lo más importante: Encontrar mi propio centro.

El afuera puede ayudarnos, puede brindarnos las herramientas que faciliten nuestro cambio, acorten los caminos y nos haga más fácil el sendero hacia la iluminación. Jamás debemos olvidar que de nosotros depende la mayor parte del proceso.

Las herramientas que Dios dispuso en este planeta tierra para ayudarnos a evolucionar se activan y funcionan con el poder de nuestra conciencia. Ellas, potencian nuestro deseo e intención de cambio, catalizan nuestra fe impresa en el proceso.

Mientras Jesús le estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y viviría” Jesús, se levantó y la siguió con sus discípulos. Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: “Con solo tocar su manto quedaré curada” Jesús se dio la vuelta, y al verla, le dijo: “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado” Y desde ese instante la mujer quedó curada
Evangelio según San Mateo 9 18-26

La biblia dice que hubo lugares en donde él no pudo hacer muchos milagros porque la gente no creía en él. ¿Cuál era la diferencia? ¿Por qué para algunos sí y para otros no?

¿Cuál era la química interior que se encendía en aquellas personas que sí lograban recibir los santos milagros para sus vidas, y qué sucedía en aquellos que no?

Está claro que Dios nos otorgó a todos un poder que tiene la capacidad de mover montañas. Ese poder se llama FE y tiene la fuerza de crear la realidad que deseamos manifestar en nuestras vidas. La FE es la certeza de lo que va a acontecer. Para que ese poder funcione, primero tenemos que tener la iniciativa de usarlo, para esto tenemos que elegir.

Este proceso está directamente relacionado al poder de nuestro libre albedrío que nos ofrece la posibilidad de co-diseñar nuestro destino en alianza con la fuerza superior que siempre nos acompaña y espera que nosotros, los arquitectos del destino, usemos nuestra libre elección y optemos por usar el poder de la FE para generar cambios positivos en nuestras vidas.

La FE es una conciencia viva que llevamos impresa en cada una de nuestras células. Se encuentra sellada en cada respiración, está sembrada en toda la vida. La naturaleza es el acto de fe más grande que Dios dispuso en este planeta tierra. La naturaleza lleva una conciencia viva que la hace SER y ESTAR, y cada día renace con el sentimiento de que va a seguir VIVIENDO y EXISTIENDO.

La vida en sí misma conlleva este acto de FE constante. Todo el tiempo estamos desarrollando este don de manera inconsciente y consciente.

Cuando comienzas a usarlo con conciencia, el resultado es mucho más grande.

Cuando despiertas en la mañana y te diriges al trabajo en autobús tienes impresa la FE que el conductor del vehículo te llevará a tu destino. No necesitas hablar con él y decirle lo que tiene que hacer, simplemente te subes, confías instintivamente y recorres el camino. Lo mismo sucede con otros actos cotidianos en donde también se encuentra involucrada la FE y el poder de creer en lo que no vemos.

Cada ser humano es un maestro y alquimista. Algunos lo llevan dormido, otros ya lo han encendido. Cada ser humano lleva en su ADN la impronta del maestro ascendido que es en el plano espiritual.

“Eres un ángel que, por un momento de su eterna existencia, se reviste por la piel de un ser humano en la materia, para experimentar una nueva dimensión de DIOS. Aburridos de experimentar el TODO descienden a vivir una mágica aventura que nutrirá a su espíritu de nuevos matices e ilusión”

Ése ángel ascendido vive en nosotros y es el que se despierta cuando elegimos el camino de la auto-conquista.
Históricamente el ser humano ha buscado conquistar a todo el mundo, y en ese acto se olvidó de él.

Busquemos encontrar el tesoro pedido dentro de nuestro interior y olvidemos la vieja historia que nos dice que para ser GRANDES y FUERTES tenemos que conquistar cosas externas que supuestamente llenará a las internas, que en realidad solo pueden ser saciadas con AMOR.

La mayor satisfacción llega cuando te permites fluir en libertad desde tu propio espíritu. Cuando dejas de ser preso de tu propia cárcel y despiertas el SABIO MAESTRO que ERES por el simple hecho de estar formado con la misma esencia DIVINA que creó TODO LO QUE ES.

Disfruta cuando te hayas conquistado, porque ahí sí, podrás expandirte por el mundo sintiendo que ya has conquistado lo más grande.

Con amor infinito,

María José Bayard

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