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Posted by on Mar 16, 2015 in Notas | 0 comments

El sentido del tiempo

Yo soy la esencia, yo soy la esencia, yo soy la esencia. La esencia de vida es femenina, la voz que la expresa es la esencia masculina. Juntas trabajan en equipo, no hay separación ni fragmentación, no hay tiempos, todo es ahora, todo es eterno e infinito. Esa esencia que hoy sientes viva en tu corazón, seguirá existiendo, está, es ahora, lo que no estará en algún momento será el cuerpo receptor de la esencia, será el cuerpo que la sostiene dentro del escenario humano, porque ese cuerpo sí que no es eterno, ese cuerpo ha decidido ser un vehículo de esa liviandad.

Es el cuerpo transitorio, es el cuerpo una obra de Dios manifestada. Es Dios el escultor de dicha obra. Es Dios quién le dio forma, color, tamaño, expresión, lo sitúa en el lugar perfecto y lo dispuso allí con un escenario, sentidos, capacidades extraordinarias y otros personajes para que este ser pudiera desarrollar la esencia y descubrirla dentro de sí. Dios ha plasmado un velo entre tú y la esencia, porque parte de tu tarea como humano es descubrir eso que eres. Cuando Dios perfeccionó la obra, con sus manos, observando dijo: “Plasmaré esta esencia dentro, aquí voy yo. Ahora te daré ciertos sentidos para que puedas lograrlo, te ayudaré desde los cielos, tejeré caminos, pondré personas a tu lado, lo haré de las más diversas formas que puedas imaginar, utilizaré muchos medios y caminos para que tú finalmente logres llegar a la esencia que acabo de plasmar en esta obra”

“Así es querido Ser Humano, eres una obra de arte, una obra creada por Dios”

Dios plasmó su esencia dentro de ti, Él está allí dentro, tú eres Él, Él eres tú. Simplemente eligió expresarse de una forma diferente, eligió espejarse y verse a sí mismo plasmado en ti, y lo mismo sucede en tu vida humana; cuando tú plasmas algo en la humanidad, haces un dibujo, preparas una comida, allí está tu esencia manifestada; ésta es exactamente la transferencia que Dios hizo al crearte, se hizo a sí mismo, se dio forma, se dio forma para experimentarse. Y aquí estás tú, intentando encontrarte, para encontrarte debes permitir que ese velo se corra, sea debilitado… Córrelo con el poder de tu conciencia pidiendo interiormente que quieres que así lo haga. Córrelo y encuentra la esencia, esa voz que Dios puso en ti al plasmarte. Pide a tu conciencia superior que te brinde la guía, los medios… ¿Cómo haces para llegar allí? Tienes esta vida para hacerlo, no te apures, si lo deseas todo llega tarde o temprano, no sientas ansiedad, el correr del tiempo es sólo la excusa perfecta para transitar un camino, para ir del punto A al B, luego el C, y a si seguir evolucionando, eso es lo que tu conciencia entiende como evolución.

Estás transitando, este segundo que acaba de pasar quedó atrás, ya no está en este mismo plano, te has movilizado hacia un nuevo estado. Los ciclos siguen girando, tu biología avanza en el sentido del tiempo, en ese hilo conductor que Dios puso al formarte. Dentro de ese camino, elije la evolución, reconócete en un nuevo estado, para eso suelta todo lo hayas concebido o creado como tu verdad. La verdad se sigue reformulando porque tus sentidos cambian con las experiencias del tiempo en esta vida. Sigue girando con tu conciencia en un sentido espiralado, hacia tu evolución. No pierdas nunca la certeza de que todo es perfecto, y de que todo camino siempre te dirige hacia alguna parte. Disfruta cuando haya llegado a una nueva comprensión, toma con todos tus sentidos esa verdad divina, abrázala, atesórala y hazla tuya. Sigue caminando, nuevas verdades aparecerán, nuevas realidades se desplegarán frente a ti para mostrarte que hay algo nuevo que no conocías, un nuevo sentido, un descubrimiento. La esencia seguirá estando y eres tu quien la sigue descubriendo y comprendiendo desde diferentes ángulos. Aunque la esencia sea siempre la misma y no haya cambiado a través de los años, eres tú quién cambia la percepción de la misma, y por lo tanto, es la realidad la que cambia. Y así es, y así es, y así es. Soy la esencia hablando.

Por María José Bayard

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