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Posted by on Abr 4, 2013 in Canalizaciones Kryon | 0 comments

Kryon 2011: Carta a un trabajador de la luz… (Parte I)

Kryon 2011: Carta a un trabajador de la luz… (Parte I)

Querido lector, en la próxima parte te presento una canalización. Usa el poder de tu discernimiento y siente tu propia verdad interior. Si este mensaje no vibra con tu corazón, simplemente déjalo pasar, tomando conciencia de que cada ser humano tiene el derecho a expresar su propia voluntad, así como su conciencia lo requiera.
Pero si este mensaje vibra y reboza en tu corazón, atesóralo, porque te has sintonizado con algo que posiblemente sirva de nutriente para tu alma.

Canalizado por María José Bayard – 8 de Octubre de 2011

Carta a un trabajador de la luz – Parte I (del Libro «Historias para despertar en la Nueva Era» de Kryon)

Amados, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.

Hola mis queridos, hoy he llegado a este tierno y dulce lugar que ha esperado nuestro encuentro; ha estado aguardando que esta conexión humana-angelical pudiera llevarse a cabo en este mismo instante. Por ello, déjame decirte que este encuentro no es una casualidad, ni tú como ser humano estás aquí, en este planeta tierra, por obra del azar.

Hoy he venido para hablar en profundidad sobre cómo funciona todo esto y cuál es la misión que ustedes tienen, ángeles encarnados en un cuerpo humano, que se encuentran aquí en este mismo momento, en este planeta de libre albedrío.

Algunos ya se han convertido en seres de luz radiantes, gracias a las muchas experiencias por las que han pasado en sus vidas. También hay quienes siguen dormidos e ignorando esa luz, en este camino y diseño divino de la vida humana.

Todos los seres humanos son amados y valorados por igual porque Dios no posee sentimientos humanos, no juzga ni condena. Nosotros, los ángeles, no vivimos una dualidad como la viven ustedes en su biología; dualidad que gracias a su “intención”, poco a poco se va debilitando para que pueda emerger esta luz consciente y activa de la que les hablé hace unos momentos. ¿Por qué sucede que en la tierra algunos activan su luz y otros deciden no activarla?

Mis queridos, permítanme decirles que hay personas que se encuentran ahora, totalmente sumergidos en las conciencias terrenales humanas. Ellos están ampliamente conectados con esa realidad, es como si estuvieran anclados sólo en la realidad terrestre; pasarán por medio de sus formas y allí terminará su historia.

Muchos ni siquiera se han detenido a pensar qué están haciendo aquí como seres humanos, cuál es el sentido de su vida y qué les deparará el futuro a sus hijos y los hijos de sus hijos. Otros sólo están muy ocupados en las necesidades que requieren ser saciadas en el hoy; no pueden ver nada más, se limitan a sus necesidades básicas, lo mínimo indispensable, y le cierran la puerta a toda posibilidad de abundancia.

El trabajo cotidiano y el movimiento en medio de las estructuras humanas, han llevado a algunos seres humanos a ingresar en una realidad y conciencia que les impide visualizar o asomarse a otra nueva realidad, por miedo y desconfianza de lo que pueda pasar. Lo conocido, el camino transitado habitualmente es más seguro y confiable que lo nuevo: lo desconocido y lo que nunca se ha vivido en la experiencia humana colectiva. Lo cierto, es que permanecer encarcelado en esas emociones donde se supone existe confianza, conduce a la conciencia humana a estancarse y retroalimentarse sólo de aquellas cosas que seguirán estando si no se produce un cambio de realidad.

Aquí sucede algo interesante, y es que cada ser humano seguirá atrayendo la misma realidad hasta que decida retirarse. Cada ser humano convive con sus semejantes, y cuando estos vibran en la misma armonía o inarmonía, se atraen y se unen entre sí. ¿Por qué sucede esto?

Porque ustedes como seres humanos están inmersos en un sistema que es perfecto. Cada ser humano es el “espejo” (inconsciente) de otro ser humano. Para explicar cómo funciona éste, veamos lo que se dice a sí mismo un humano en el plano inconsciente: “Como yo no quiero verme a mí mismo ni observar mi interior para abrirme a otra realidad, la vida me pone un espejo adelante para que pueda ver la realidad que no deseo ver; lo coloca frente a mi rostro para que me sienta molesto al ver algo en el otro (como en un espejo), que en realidad es aquello que no quiero ver en mí mismo y tampoco estoy dispuesto a afrontar. Por lo tanto, esto termina por generarme una gran frustración. El sistema es tan perfecto que atraigo a mi vida a ese semejante para que funcione de espejo donde yo pueda aprender a ver, a aceptar y a comunicarme con algo que detesto en la otra persona; pero que es en realidad lo que me molesta de mí mismo y necesito cambiar para evolucionar y salir de la energía que me estanca y no me permite avanzar”.

¿Por qué el destino, la vida, las circunstancias unen a ciertas personas que resuenan de la misma manera? Porque posiblemente haya algo que aprender de esa experiencia, y el otro le sirva a esa persona de espejo de su propio ser y le brinde la oportunidad de ver algo que estaba negado, guardado, escondido en alguna parte para no hacerse cargo de lo que tiene que cambiar. ¿No sería más fácil cambiar? Claro que sí, pero llegar a ese punto requiere de una conciencia activa y viva por parte del ser humano. Requiere dejar algo atrás y abrir el corazón con humildad para “aceptar”. ¿Aceptar qué? Que eres un ser humano en período de evolución y de extinción de viejas estructuras y analogías humanas que poco a poco se van limpiando y debilitando, gracias al trabajo del servidor de la luz.

Existe un mecanismo en ustedes que se reduce a escapar y tener miedo de afrontar aquello que deben cambiar, lo cual les permitirá estar preparados y recibir algo mejor para sus vidas. Escapar de los problemas no es la solución, ni tampoco lo es encontrar a los culpables de ellos.

A continuación les contaré una historia que refleja lo que siente una persona que aún vive inmersa en un mundo de oscuridad; hasta que poco a poco va abriendo sus ojos y despertando al mundo consciente de otras dimensiones con sus nuevas experiencias.

Carta a un trabajador de la luz

Había una vez un ser humano que vivía en la más completa agonía y oscuridad. Este ser humano había pasado toda su vida inmerso en estructuras humanas, y se había cansado de vivir de esa manera.

Un buen día, este hombre decidió tomar acción y escribirle una carta a un trabajador de la luz para expresarle sus más profundos interrogantes acerca de la existencia humana, y todos los sentimientos de enojo, dolor y rencor que había adquirido a lo largo de los años.

Tomó lápiz y papel y escribió lo siguiente:
Querido trabajador de la luz:

Te veo a ti caminar por la calle, por la vida con una felicidad sellada en tu espíritu, con una paz que irradia desde tu corazón, y me pregunto: “¿Cómo haces?”

Te escribo porque tengo problemas; en realidad estoy inundado de problemas, y me he dado cuenta de que escapar de ellos ahora no es la mejor solución. Tampoco es la solución encontrar culpables. De culpables está lleno el mundo; de fracasos, de victimarios que han hecho un uso indebido de sus víctimas, y de víctimas que han causado una mala reacción en sus victimarios. El mundo está lleno de personas que nos han causado daño. Pero, ¿de qué me sirve quedar atrapado en la culpa, o evitar confrontar el problema y ensuciar cada vez más mi carga emocional, mental, física y espiritual? ¿De qué me sirve seguir cargando mi mochila con sentimientos de abandono, fracaso y resignación? Tal vez tú me preguntes: “¿Resignado a qué?”

A que la vida sea así y haya que soportarla tal como es: familias que se disgregan, matrimonios que se separan, la infidelidad como moneda corriente, falta de amor y contención, niños que sufren la separación de sus padres y la destrucción de su familia. Resignado a que quizás sea mejor vivir separados porque de esa manera sufriremos menos, a que la excusa sea que de esa manera habrá menos violencia, sufrimiento y angustia.

A veces me pregunto: ¿Acaso no es mejor ir a la raíz del problema como seres humanos, hacernos cargo y buscar la solución? Otras veces me pregunto si la solución existe, si estamos destinados a vivir así, o si realmente podemos cambiar las cosas y buscar la salida. ¿Por qué nadie se cuestiona por qué hacemos lo que hacemos, por qué nos pasa lo que nos pasa? Recién entonces, podríamos sacar conclusiones positivas para nuestras propias vidas.

Te he escrito esta carta, como ser humano, como un espíritu y un alma cansados de una humanidad desvalida, de buscar rótulos a los problemas, de vivir en medio de la violencia. Quisiera saber: ¿Cómo haces tú para evitarla?

Estoy cansado de vivir en una sociedad donde abunda la mentira, cuando en realidad lo que las personas como yo y como tantos otros miles buscan y reclaman, es amor y comprensión; ¿Es tan difícil entender eso?

Un amor que no fue bueno… un amor que fue escaso… un amor que no fue comunicado… ¿acaso el amor tiene esos atributos?, ¿tiene altibajos, matices y tensión?; ¿no es el amor sólo luz, pureza y verdad?, ¿cómo puede entonces ser malo, tener escasez e incomunicación?

Estoy cansado de vivir en un mundo de suposiciones frías, donde el amor se disfraza de ira, de violencia y de rencor. Un amor que pasa facturas ajenas y muchas veces, un amor que no se brinda porque no se lo ha recibido ni experimentado; ¡es imposible dar lo que no se tiene y no se ha vivido!, entonces ¡qué nos queda para dar!

Querido trabajador de la luz, te escribo esta carta porque he nacido con una nueva impronta que me ha mostrado que ser fuerte no significa soportar más pérdida e ignorancia en el amor; sino que ser fuerte es enfrentar esa carencia, profundizar en ella y decidir seguir adelante para poder cambiar la historia.

Te escribo esta carta porque el día en que yo parta de esta tierra quiero morir diciendo: “Gracias”. A mis padres por lo que me han brindado; porque me han dado todo lo que me podían dar; ¿cómo podrían brindarme algo que a ellos ni siquiera les fue dado?, ¿cómo podrían brindarme algo que quizás ellos jamás conocieron?

Pero ahora que he crecido, ahora que me he dado cuenta de cómo son las cosas decido perdonar. Perdonar por pretender que las cosas hayan sido de otra manera, que los demás sean diferentes cuando posiblemente “ser diferente” estaba al límite de sus conciencias; ¿cómo pretender que alguien dé algo que nunca tuvo o ejercitó? En el caso del amor, si no se tiene no se puede compartir, porque no hay nada que compartir. O tal vez si se lo tiene pero hay un temor escondido que levanta una barrera en medio para evitar el sufrimiento. En el caso de la paz, si no se siente no se vive, y si no se vive no hay ningún sentimiento que irradiar.

Soy un ser humano que le ha pedido a la gente que le den “eso” que nunca tuvo; y al pedir me olvidé de dar porque no hay nada más demandante que una persona con una carencia como la mía que no recibió nunca nada.

Aquellos que tienen apenas un poco de conciencia, aquellos en quienes se ha encendido un poco de luz, tal vez puedan mostrarnos cuál es el camino de sanación de estos sentimientos, la forma de sanar estas carencias que han llevado al mundo a morir de amor, a padecer sin amor y a convivir con el amor escaso y la imposibilidad de darlo porque nunca se tuvo.

A aquellas personas que trabajan por la luz les pido, soy un alma que se cubrió de odio y de dolor por ver cómo hemos dormido en todos estos años, cómo hemos eludido una realidad y hemos pintado el mundo de matices grises, tristes y llenos de desamor. ¿Acaso las guerras no han opacado bellos amaneceres y los han trasformado en algo triste y deprimente? ¿Cómo es posible que millones de personas caminen sin rumbo, sin hogar, perdidos en su propia casa: la tierra, ¡la casa de todos los seres humanos!? ¡Cuánto desamor pintado!, ¡cuánto desamor amargado y malgastado por viejas cenizas que se esfumaron y dejaron profundas huellas en el horizonte de GAIA!

A todas aquellas almas me dirijo, y por ello he decidido escribir esta carta, para que escuchen, para que me miren, para que alguien pueda guiarme en este camino, en este sentimiento gris que se ha plasmado en mi alma.

A ti querido trabajador de la luz, te pido a gritos que me enseñes, que me digas cómo puedo activar mi luz; esa luz que ha quedado adormecida, que se ha ido apagando y opacando con el pasar de los años, esa luz que está titilando, que es muy pálida pero aún vive en mí.

La verdad es que no se cómo se hace y nadie me lo ha enseñado. Ni mis padres, ni mis abuelos, ni mis maestros me han enseñado que yo tenía una luz que podía hacer brillar en el mundo para terminar con todos los problemas; porque al dejar brillar mi luz, inmediatamente todos los tristes atardeceres serían iluminados por una nueva y radiante llama.

Servidores de la luz del planeta, personas buenas que han transitado ya un largo camino, en realidad no se qué hacer, no sé cómo vivir en calma, en mi corazón algo quiere ponerse de pie, pero el peso de mis emociones a veces es tan grande, todo lo que me han dicho que supuestamente debía hacer, que me tiene atado y no me permite avanzar…

Me pesa la conciencia porque no sé si complacerme a mí mismo o satisfacer el deseo de mis padres, el deseo de la sociedad… ¿qué es más conveniente?, ¿qué debo hacer? ¡Estoy perdido!

¿Cómo cambiar mi realidad y hacer que las generaciones que vienen también lo hagan? ¿Cómo avivar esa llama que tú dices que vive en mí, cómo mantenerla encendida? Me cuesta creer y sentir porque en realidad nunca he experimentado nada, he vivido anestesiado, sumergido en el drama de la vida sin tiempo para sentarme a meditar; es por eso que “ahora” es el momento, el espacio que me he dado para escribirte y preguntarte todas estas cosas. Tengo miedo de vivir en una realidad que desconozco. A veces me pregunto qué es mejor: lo desconocido o seguir estando aquí donde estoy, en medio de la oscuridad de mis emociones, en el laberinto de mi mente y el encarcelamiento de mi alma. Me siento como comprimido dentro de un corset que apenas me permite respirar, triste y vacío, sin un lugar en el mundo.

¿A qué he venido?, ¿por qué estoy aquí?, ¿acaso he hecho cosas malas en otras vidas para merecer ahora sufrir y estar inmerso en una oscuridad que no me permite salir adelante y ver la luz?

Querido trabajador de la luz, en realidad te he escrito esta carta porque ¡tú luces tan feliz! Pareces comprender la trama de la vida, adaptarte a ella, amoldarte a los desafíos y comprender que todo ocurre por algo. Evidentemente, has logrado equilibrar el pulso de tus emociones, porque cada vez que alguien te insulta o te dice cosas malas, tú no respondes con el desamor con el cual respondería el resto del mundo; tú respondes con amor, con compasión y pones la otra mejilla…

Si eso era lo que hacía Jesús, el gran maestro, hace más de 2.000 años, ¿por qué ahora en la tierra no hay mucha gente que pueda mirar al prójimo con amor como él lo hacía en aquel tiempo? Eso es lo que motiva a mi alma a escribirte este mensaje. ¡Oh!, mi alma se está expresando, está siendo sincera sobre sus sentimientos… ¿Acaso existe el alma?, ¿es ella la porción de Dios que habita en nosotros cuando estamos en la tierra y vive allí en calma para ser activada y encendida cuando estemos preparados?

Querido trabajador de la luz, ¡bendito eres tú si puedes ayudarme! Porque finalmente he podido compartir todas aquellas cosas que me han estado causando dolor, que nunca había podido expresar en palabras y que ni siquiera me había permitido sentir en todos estos años; mucho menos aceptar que todo esto me ocurría a mí.

¡Oh!, querido trabajador de la luz, una química interior está cambiando, puedo sentir que algo ha comenzado a activarse en mí ahora. ¿Así te sentiste tú el día en que descubriste un nuevo mundo y una nueva realidad? Ahora me doy cuenta de que he estado relegado, sumergido en el mundo de las oscuridades evitando tomar contacto con Dios, con lo desconocido para mí hasta hace algunos momentos, con aquellas cosas que en mi vida me generaban gran desconfianza y temor; una de ellas: permitirme sentir.

Ahora siento cómo todo lo que te he escrito y te he mencionado me ha liberado, ha liberado mi ser, mi espíritu y ha activado mi alma.

Por miedo, he estado disfrazando mis emociones, alejado del sentir, ocultando que yo soy un ser humano como cualquier otro que sufre falta de amor y de atención y las diversas carencias en las cuales he permanecido inmerso todos estos años. Me doy cuenta de que al pretender que alguien supliera aquello que me falta, me olvidé de brindarles amor a mis conocidos, a mis amigos, a mis padres, a mis hermanos. ¿Acaso es así la vida, querido trabajador de la luz?

¿Así es como uno aprende a activar su propia luz? Esa luz que siempre vi activa en ti y que me impulsó a escribirte esta carta…
Entonces, si yo cambio mi actitud demandante, cambiaré a las generaciones que vienen después de mí y serán éstas las que sigan evolucionando hacia las siguientes. ¿Es así como se cambia a la vieja y amargada humanidad?

¡Ahora lo comprendo todo!, y ni siquiera he terminado de escribir mi carta. El solo hecho de escribirte a ti y anhelar tomar contacto contigo, ya ha activado una luz en mi conciencia y me ha hecho ver las cosas de diferente manera. ¡Ahora comprendo cuando tú dices que estamos ante una nueva era y que la humanidad está cambiando! ¡Ahora comprendo tus aires positivos para con el mundo y el aire negativo de una humanidad a la cual yo mismo pertenecía hace sólo algunos minutos cuando comencé a escribirte esta carta!

¡Oh!, querido trabajador de la luz, ¡cuánto me ha ayudado el tomar coraje y escribirte! ¿Has pasado tu también por todo esto?, ¿acaso tu también despertaste un día con una nueva revelación en tu conciencia? Seguramente fue un despertar tan grande como el que yo estoy experimentando ahora en este preciso instante.

Te doy las gracias por ser quien eres, te doy las gracias por haber despertado; gracias a tu ejemplo de vida y a que tú decidiste abrirte al mundo de la luz, has llamado mi atención al estado de adormecimiento en el cual habitaba hace unos momentos antes de que empezara a escribir esta carta. ¡Oh!, querido trabajador de la luz, gracias a que me has mostrado que se puede vivir mejor, he podido replantearme muchas cosas y liberar mi alma para que “pregunte”, “piense”, “reflexione” y, sobre todo y más importante, “sienta”.

Para que sienta y exprese lo que nunca antes me había atrevido a decir, lo que nunca antes se había animado a sentir mi alma: que existe otro mundo, otra realidad y otros escenarios que los seres humanos podemos construir; y sobre todo, me he dado cuenta de que no me sirve de nada acumular odio o rencor por el pasado, comprendo que mis padres, a quienes yo tanto odiaba y no lograba perdonar, no pudieron darme algo que ellos mismos no habían recibido. Me doy cuenta de que cambiar la historia de la humanidad es sinónimo de cambiarnos a nosotros ahora y no dejar que mañana alguien más se haga cargo. Me doy cuenta de que es bueno decidir “hoy” comenzar a dar, sin miedos, sin prejuicios, sin medidas, sin esperar nada a cambio; sino, ¿qué le daré yo a mis hijos?, ¿seguiré pasando de generación en generación lo mismo que recibió mi alma?, ¿lo mismo que recibimos todos hasta ahora y nos ha alejado de la humanidad cálida, amorosa, compasiva que tanto ansiaba cuando era niño?

¿Sabes una cosa, querido trabajador de la luz? Escribiéndote, me he dado cuenta de que de ahora en adelante me haré cargo de mí mismo, dejaré de culpar a los otros y de quejarme de los defectos de la gente, ya que esos sentimientos no eran otra cosa más que el reflejo de lo que yo mismo era, de lo que somos nosotros mismos fundidos en una sociedad quejosa.

Como ex representante (ahora) de la vieja energía y el antiguo humano encarcelado en sus temores, miedos y estructuras, te doy las gracias porque al mostrarle tu luz al mundo, me has hecho reflexionar y pensar que ¡es posible cambiar!

¡Qué valiente eres y cuánto valor tiene tu trabajo! ¡Qué valiente fuiste al salir de tu propio anclaje de la vieja energía y permitirte ser tú mismo, el diseñador de tu propio destino! Y así crear una nueva manera de vivir, perdonando a tus semejantes por abusar de ti, por ser fríos y groseros contigo. Quizás nuestros antepasados han sido seres humanos como nosotros, carentes del verdadero amor. Pero tú no esperaste a recibir el amor de otra persona para perdonar, tú perdonaste y entendiste que aun sin recibir amor, podías cambiar la historia.

Ahora te creo cuando dices que la humanidad está en período de evolución y que nada malo pasará con la llegada del 2012. Ahora comprendo cuando tú miras al mundo con esa buena energía, porque lo haces a través de los anteojos interdimensionales del amor.

Ahora entiendo el hecho de que tienes tanto positivismo y fe para derramar sobre los corazones adormecidos, como lo estaba el mío hasta hace algunos momentos; porque yo formaba parte del espíritu de la sociedad, de ese grupo de personas que se queja, que no está conforme con la vida que lleva pero que tampoco hace nada para cambiar la realidad. Yo era de esas personas que irradian su disconformidad al mundo a cada momento; mi falta de satisfacción con la vida me hacía andar por la calle malhumorado, entrar en un lugar y maltratar a la gente e irradiar mala energía a quien se me cruzara por el camino. Con esa actitud demandante, pretendía que alguien se hiciera cargo de mis carencias, de mis problemas cuando en realidad yo soy el responsable de mi propia vida y de mis propios actos.

Yo soy el que puedo cambiar mi camino si no estoy conforme con el recorrido, yo puedo cambiar y hacer que cambien también las generaciones que me seguirán. Las que pasaron, las que se fueron y ya no volverán, las puedo cambiar desde mi conciencia, perdonando y comprendiendo que no dieron más de sí mismos porque no tenían qué dar; ellos a su vez le exigieron al mundo aquello de lo que carecían, que tanto ansiaban y necesitaban… Ahora veo que papá nunca pudo reconocerme como hijo, nunca pudo valorar mi trabajo, mi existencia; no porque él no haya querido hacerlo, sino porque no se dio cuenta; con el fin de buscar el reconocimiento que tampoco había recibido de sus padres, él se olvidó de reconocerme como hijo, como ser humano. Papá era como un niño encerrado en la piel de un adulto pidiendo a gritos que alguien lo viera, lo escuchara, le diera cariño y no lo castigara. Él buscó y buscó su propia aprobación, y estuvo tan pendiente de ello, que no pudo reconocerme como hijo ni disfrutarme. Ahora entiendo que si me hubiese dado todo eso, habría abandonado su propia búsqueda y eso habría sido muy difícil. Ahora lo comprendo y lo perdono, y gracias a esta expansión puedo ver que yo también seguía por el camino de la vida con los mismos patrones heredados y que de esa manera, mis hijos iban a sufrir exactamente la misma carencia y a recibir el mismo registro de padre.

Por ello querido trabajador de la luz, me doy cuenta de muchas cosas. Ahora comprendo que si limpio mi línea de ADN, los futuros habitantes del planeta se verán beneficiados; ahora sé que las generaciones que me siguen serán cada vez mejores. ¿Es así como se cambia el mundo? ¿Es eso lo que te has cansado de decirle a la gente? ¿Es eso lo que sabes en tu corazón que hará que el mundo cambie en esta nueva era?

¡Qué fuerte eres trabajador de la luz! Porque aún permaneces con tu luz encendida, ésa que otros no pueden ver, con la luz que otros ignoran y no quieren activar. A pesar de ello, tú la expones y la irradias. Algún día seremos muchos (y me sumo al trabajo en la luz porque en mí se ha activado ahora esta conciencia), seremos tantos los que nos habremos dado cuenta de muchas cosas, los que habremos perdonado y limpiado las cargas en nuestro ADN, que la oscuridad que no quiera activarse y sanar, quedará aún más en evidencia.

¡Qué afortunado soy de poder “ver” ahora y sumarme al equipo mundial de luz que ha encendido su conciencia y se ha responsabilizado de sus propios cambios! ¡Qué bueno es estar ahora aquí escribiéndote y despertando a cosas y sentimientos nuevos que antes ignoraba por completo! Solía pensar que reconocer sentimientos era sólo para los débiles, los frágiles, los desalmados y los perdidos que andaban buscando su espacio en este mundo que, gracias a ti querido trabajador de la luz, se está volviendo cada vez más luminoso, activo y diferente.

Hoy me doy cuenta, mirando atrás, de que no es más fuerte el que aprende a convivir con los problemas, sino aquel que los enfrenta, se para adelante y tiene el valor de transformarlos. Me doy cuenta de que ahí radica la experiencia, el aprendizaje y el despertar del verdadero amor como seres humanos.

Recuerdo ofuscarme con mi padre, por ciertas actitudes que él tenía que no eran más que un espejo de lo que me molestaba de mí mismo. Recuerdo que lo quería cambiar y hacía una lista de todas aquellas cosas que no me gustaban de él. Ahora me doy cuenta de que eso no hizo más que reafirmar la parte oscura y carente de amor tanto en él, como en mí. Deseaba que él fuera diferente, pero en realidad todo lo que me molestaba de él eran aquellas cosas que no tenía el valor de cambiar en mí mismo. Ahora mi padre no está, murió hace algunos años, pero si lo tuviera frente a mí le diría: “¡Gracias por ayudarme a ver lo que necesitaba cambiar en mí mismo!” Hoy querido papá, te miraría a los ojos y ya no me enojaría tu ignorancia hacia mi; te amaría con tus defectos y aprendería a resaltar tus virtudes, tomaría yo mismo la iniciativa de comunicarme, de decirte “te quiero”, de compartir más cosas juntos. Hoy he despertado y he comenzado a cambiar cosas en mí; ahora te veo con los ojos compasivos del amor, sabiendo que no pudiste brindarme algo que tu tampoco habías recibido y que te habías pasado la vida reclamando.
Querido trabajador de la luz, con el solo hecho de sincerarme con mi corazón, ya he cambiado. Incluso, lo he hecho en el transcurso de esta carta. ¿Cómo es esto? ¿Acaso uno se prepara toda la vida para este pequeño instante en el que se produce el “despertar”? ¿Acaso en la vida uno adquiere oscuridades para luego transmutarlas en luz? Creo que esas respuestas ya forman parte de una segunda carta y las iré experimentando en mi corazón en la medida que vaya evolucionando en este camino.

¡Gracias! Una vez más…. ¡gracias, gracias, gracias!, porque esta carta ha sido el camino hacia el despertar de una nueva luz en mí, y sólo mirarte me ha hecho imaginar y discernir todas estas cosas; ver que tú vives de otra manera, verte caminar por la vida me ha permitido darme cuenta de que se puede vivir en otra realidad.

Ahora te comprendo, ahora me sumo a tu sentimiento y al camino del despertar, y es mi deseo que muchas personas se sumen en este mismo momento a activar su luz para el mundo; ya que esa energía es la que, estoy seguro, terminará creando una sociedad más pura, limpia y equilibrada de los sentimientos del pasado, aquellos que tanto daño nos han causado como humanidad y que apropiadamente decidimos transmutar ahora.

Querido trabajador de la luz, quizá nunca llegue a enviarte esta carta, porque sencillamente escribirla me ha transformado en una nueva persona; quizá nunca llegue este conocimiento a tus manos, pero una vez más quiero decirte “gracias” por transportar tu luz y hacer que el proceso de despertar de las personas sea ahora un adorado y honrado ejemplo en el planeta.

¿Qué les diremos a nuestros nietos, bisnietos, tataranietos, y futuros humanos que habitarán la tierra dentro de no muchos años?… Que fuiste tú quien iluminó el planeta, quien decidió cambiar la historia, quien miró su interior y decidió cambiar; fuiste tú el corazón humilde y caluroso del planeta que ayudó a que gente como yo, se decida hoy a despertar y formar parte activa de la nueva humanidad.

Querido trabajador de la luz, ahora comprendo tu nombre: “trabajador de la luz”; ahora comprendo por qué GAIA te llama así. Tú trabajas por la luz, por encenderla allí donde hay oscuridad, y como todo trabajo requiere de un compromiso. ¡Gracias porque tu trabajo y tu compromiso me han ayudado a mí hoy a ver esa luz! Has logrado tu cometido: poner luz allí donde no la hay.

Querido trabajador de la luz, quizás esta carta nunca llegue a enviarse, ahora no sé si te escribo a ti o me escribo a mí mismo, ya que me he transformado en ese trabajador de la luz que tanto ansiaba ser pero no me atrevía. De todas formas, de todas maneras te digo que ya puedes desplegar tus alas.

Y así es.

Kryon

Canalizado por María José Bayard  (Buenos Aires – Argentina)

Del Libro 1 «Historias para despertar en la Nueva Era» de Kryon

 

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