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Posted by on Abr 4, 2013 in Canalizaciones Kryon | 0 comments

Kryon – Parábola: El Zapatero “La esencia espiritual del cambio”

Kryon – Parábola: El Zapatero “La esencia espiritual del cambio”

Parábola del Libro 1 de Kryon «Historias para despertar en la Nueva Era» canalizado por María José Bayard

Canalizado por María José Bayard el día 26 de Septiembre de 2011 – Buenos Aires, Argentina 

Hola mis queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.

Hoy he venido a hablarles, junto con toda la comitiva que siempre me acompaña, acerca de la esencia espiritual del cambio en la nueva era.

Voy a referirme a los períodos actuales porque es apropiado sacar a la luz estos temas en los procesos que están atravesando. Les ha llevado tiempo lineal poder modificar una impronta celular heredada por sus antepasados. Me refiero a todo un bagaje de improntas que los mantuvo “pasivos” con respecto a los procesos de cambio en sus vidas.

El ser humano de la vieja energía sigue pensando y creyendo que los cambios son milagrosos y que sólo pueden ser producidos si hace bien la tarea, se esfuerza lo suficiente y le demuestra a Dios todo el “sacrificio” que ha realizado; así logra estar preparado para recibir el cambio o “el milagro” para su vida. Se olvida de que la parte que ustedes llaman Dios, son ustedes mismos del otro lado del velo angelical, y que dicha parte es eterna y vive siempre con la familia universal de la cual todos formamos parte. Por lo tanto, a quien se supone debe demostrar sacrificio y demás cosas, es a su otra parte angelical, “su padre angélico”, ustedes mismos en sus otras dimensiones.

El ser humano de la vieja energía desconoce e ignora la realidad que sí conoce y “reconoce” el ser humano de la nueva energía; éste es el ser humano que ha despertado a todo su potencial y sabe que es él quien produce el milagro. Esto viene a contradecir un poco las cosas, ya que por miles de años a ustedes les han enseñado, al menos la mayor parte de la cultura en la tierra está basada en esto, que existe un Dios quien produce los milagros y es a ese Dios a quien hay que rendirle cuentas el día del juicio final. A decir verdad, ustedes no tienen que rendirle cuentas a Dios, ni tampoco existe tal día. El único día que existe es cuando ustedes parten de la tierra hacia esta dimensión donde somos eternos; es el día del festejo, la gloria y la adoración porque un miembro de la familia universal se ha fusionado nuevamente con nosotros.

Muchos humanos suponen que Dios los castigará si no hacen bien las cosas; permítanme decirles que Dios no castiga. Si les hemos dicho durante muchos años que Dios son ustedes mismos en esta otra dimensión donde habitamos todos los ángeles que formamos parte del TODO, ¿cómo podría castigarlos ese Dios? ¿Acaso ese Dios podría tener sentimientos humanos? Mis queridos, Dios no castiga y tampoco juzga a nadie. Ustedes se encuentran en una experiencia de libre albedrío y pueden elegir lo que deseen co-crear para sus vidas. En todo caso, si ustedes eligen co-crear día a día el rencor, la ira y el dolor, eso será lo que ustedes atraerán para sus historias. Pero si ustedes se responsabilizan por sus propias vidas y deciden co-crear en favor del amor, la paz y la unión, eso será lo que atraerán para sí mismos.

Entonces, les decimos que el poder de cambio y transformación tienen que tomarlo de ustedes mismos, y ustedes son los responsables de generar sus propios milagros. Nadie desde el exterior lo hará por ustedes.

Muchas veces ustedes llaman “suerte” a lo que, en la mayoría de los casos, se trata de un gran trabajo y esfuerzo de “co-creación” por parte de algún humano. Esto podría hacerlos pensar que Dios premia a algunos y a otros no… ¿cómo podría Dios premiar a ciertas personas y a otras no, si Él no posee sentimientos humanos ni dualidad? Dios es eterno y sólo irradia sentimientos de bien, aun para aquellos que en su encarnación deciden trabajar ignorando la luz por completo.

Quienes co-crean los premios, los milagros y las cosas positivas en la vida son ustedes mismos. Ustedes son los responsables de sus propias vidas y depende sólo de ustedes, el deseo que los impulsa y la reacción que les brindará lo que necesitan.

Comprender que ustedes son “los diseñadores de su propio destino”, les abre una nueva perspectiva como humanidad, donde surge la posibilidad de una sociedad más consciente de su poder de libre albedrío; también donde puede extinguirse en ustedes esa conciencia de “humano victimizado” ante la existencia del drama en la vida. De esta manera, comienza a renacer en ustedes una nueva raza de humanos que colaboran activamente en el proceso de ascensión y de cambio en esta nueva humanidad.

Lo cierto es que la esencia espiritual del cambio se resume en “accionar” y en “ser miembros activos” de su sociedad. El cambio comienza en ustedes mismos, en su propio bagaje de cosas. Para purificar el ADN del planeta deben empezar por ustedes mismos. Entiendo que muchas veces es más cómodo quedarse sentado observando la vida de los demás y pensando qué cosas desearían que cambien en el prójimo. ¿No les parece que esta actitud es un poco cómoda y demandante? ¿Por qué no empezar por ustedes mismos y recién ahí, estar preparados para educar con el ejemplo?

Mis queridos, hoy he llegado hasta aquí para hablarles del proceso de cambio y evolución que se plantea en el nuevo humano. Se trata de la esencia del cambio y trasformación que vive en el espíritu de cada trabajador de la luz en esta nueva era.

Voy a compartir con ustedes ahora una parábola que he titulado “El Zapatero” y que preparé para explicarles la esencia espiritual del cambio en esta nueva era. En la historia hablaré de un personaje llamado Hombre, con la intención de resumir en esa expresión al género femenino y masculino, fusionados en un solo perfil. En otras canalizaciones que le he brindado a mi compañera María José, también he usado a este personaje Hombre, para narrar otras historias en diferentes contextos. En este caso, utilizaré el mismo personaje para presentar este hermoso relato.

El Zapatero

Había una vez una gran ciudad. Allí reinaba el caos, propio de un núcleo urbano muy importante. Era un lugar con muchos habitantes, gente que vivía cada día en una vorágine que parecía no terminar nunca. Cada habitante de ese lugar vivía un sueño y una búsqueda de poder: llegar a ser alguien en la vida.

A unos kilómetros de la gran ciudad, se comentaba que existía un pueblo lejano que tenía la fama de ser extraño, desconocido, según contaba una vieja leyenda narrada por la masa popular. Lo cierto era que nadie conocía realmente aquel pueblo lejano, simplemente vivía en ellos la leyenda y el espíritu de esa fábula.

Un día, un nuevo habitante de la gran ciudad se preguntó acerca de aquel pueblo. En el imaginario colectivo se creía que se trataba sólo de una fantasía. Pero nadie sabía a ciencia cierta cuándo había comenzado a narrarse esta leyenda; tampoco nadie podía asegurar su veracidad.

De repente, este habitante de la gran ciudad llamado Hombre, comenzó a sentir ansiedad por conocer más acerca de la historia. Desde muy pequeño, Hombre había crecido acompañado por la leyenda. Sus padres le habían contado acerca de un pueblo que estaba alejado de la gran ciudad, en el cual había muy pocos habitantes y vivía un famoso Zapatero que fabricaba zapatos que hacían que la vida de las personas cambiara.

Sonaba bastante ilógico, superficial e irreal como para ser verdad, pero esta historia formaba parte de la gran leyenda colectiva. Todos los habitantes de la ciudad sabían acerca de ella, y había sido narrada de generación en generación sin que tuvieran idea de en qué momento se había iniciado.

Hombre había crecido oyendo hablar de aquella fábula popular. Un buen día, despertó con el deseo de conocer la verdad de esa maravillosa historia que tanto resonaba en cada espíritu que habitaba en la gran ciudad.

Hombre le preguntó a sus padres si ellos alguna vez habían ido a conocer el famoso pueblo alejado; ellos respondieron que nunca habían ido y que tampoco tenían el más mínimo deseo de hacerlo ya que estaban convencidos de que se trataba sólo de una mentira para engañar a la masa popular. “¡Cómo podía existir un Zapatero que fabricara zapatos que cambiaban la vida de las personas!”, resultaba bastante absurdo para sus conciencias.

Hombre comenzó a preguntarse por qué nunca a nadie se le había ocurrido ir hasta ese lugar a visitar a ese supuesto Zapatero, y así comprobar la veracidad de la mágica historia.

La gran ciudad tenía millones de habitantes. Hombre les preguntó a sus padres si ellos conocían a alguien que alguna vez hubiera experimentado la vivencia de viajar hasta el famoso pueblo. Sus padres contestaron que no, y no le prestaron demasiada atención a las cuestiones a las que Hombre hacía referencia.

A medida que pasaban los años, Hombre fue creciendo y sus dudas e inquietudes se acrecentaban más y más. Llegó el momento en que terminó sus estudios superiores, y comenzó la búsqueda para encontrar un buen trabajo. Hombre salió al mundo para ir detrás del empleo que siempre había soñado. Siguiendo el deseo de su corazón, inició una campaña para hallar aquello que tanto ansiaba.

Hasta que finalmente Hombre lo encontró; si bien no era el empleo que verdaderamente deseaba para su vida, por algo tenía que empezar. En ese trabajo Hombre dio con una mujer que conocía a alguien que había viajado hasta el pueblo alejado de la ciudad del que tanto hablaba la fábula de la sociedad. Se despertó nuevamente en él, el interés que siempre había tenido y deseó averiguar más acerca de ese pueblo, conocer más de su historia.

Con ese interés en mente, Hombre le preguntó a esta joven mujer acerca de la fábula popular. Ella le contó que un amigo suyo conocía una persona que se había atrevido a viajar hasta el lugar, donde supuestamente habitaba este Zapatero que cambiaba la vida de las personas con los zapatos que fabricaba.

Hombre, entusiasmado, le preguntó a la joven dónde podía encontrar a aquella persona que con valentía se había atrevido a ir en búsqueda del pueblo lejano. Pero ella le respondió que esa persona jamás había regresado. Hombre sintió una gran tristeza y una completa desilusión al oír acerca de esa experiencia, y pensó que quizás podría ocurrir algo malo si visitaba aquel pueblo lejano.

Pasó el tiempo, Hombre fue creciendo más y más hasta llegar a la edad adulta. Un día, se encontraba muy frustrado y desilusionado de la vida. A la edad de 42 años, aún no había dado con el lugar en el que tanto deseaba trabajar; tampoco había conocido el verdadero amor, solamente había sufrido varias decepciones, engaños y frustración en sus experiencias amorosas. Hombre se encontraba solo, amargado y desilusionado por la vida que llevaba. Su bagaje de problemas se había acrecentado con el paso de los años, y ahora se encontraba sin rumbo alguno, como una brújula sin sentido, sin saber qué hacer o hacia dónde ir.

Hombre sentía desánimo, lo cual sumaba un sentimiento negativo más en el curriculum de su vida… sentía que los años habían transcurrido en vano, y cada vez tenía menos energía para hallar una verdadera solución a sus problemas.

Cierto día, Hombre tuvo que enfrentar el dolor más grande de su vida: la pérdida de sus padres. A una edad adulta avanzada, ellos partieron de la dimensión terrenal dejando a su hijo con uno de los vacíos más difíciles de llenar, en su alma y en su espíritu.

Hombre cayó en una profunda depresión de la cual sentía que no era capaz de salir; se sentía solo, abandonado, amargado y desilusionado de la vida.

Una noche, Hombre despertó de un sueño y recordó nuevamente la vieja historia del lejano pueblo, con aquel Zapatero que fabricaba unos zapatos que cambiaban la vida de las personas. También recordó que este relato formaba parte de una leyenda colectiva, narrada por la gente de la gran ciudad; y la única persona que se había atrevido a ir hacia aquel lugar, no había regresado jamás; por lo tanto, nadie podía asegurar si el pueblo y el Zapatero existían realmente.

La vida de Hombre se volvió tan difícil e insoportable, que ya no tenía más nada que perder. O se resignaba a aceptar su vida como era, y entonces las situaciones y todo el bagaje de emociones negativas le habrían ganado la partida, o se lanzaba hacia el abismo de algo que no sabía a ciencia cierta de qué se trataba. Pero tenía que encontrar un nuevo rumbo para su vida.

En un momento pensó: “¿Qué tengo que perder?” Luego de responderse la pregunta, Hombre decidió tomar el camino que lo conduciría hasta el supuesto pueblo lejano, donde vivía el famoso Zapatero que fabricaba unos zapatos que cambiaban la vida de las personas.

Con un resabio de temor y angustia por dejar atrás todas sus cosas, su casa, sus recuerdos, sus amigos y todo lo que medianamente había construido, Hombre preparó lo necesario para el viaje y una mañana partió en búsqueda de ese misterioso lugar. Estudió la ruta, emprendió el viaje y mientras se alejaba de la gran ciudad, comenzó a percibir que el camino se volvía más desolado, misterioso y fantasmal.

Hombre siguió su curso por el camino de tierra que le indicaba el mapa. La ruta comenzó a hacerse más angosta, y a medida que avanzaba, millones de cosas pasaron por su mente. Era como volver a recapitular su propia historia, cada capítulo y cada momento de ella; era como mirar la película completa de su vida.

Hombre no pudo evitar pensar y reflexionar acerca de lo que estaba haciendo: “¿Acaso he enloquecido?, ¿ir hacia un lugar del cual no conozco más que una simple leyenda; un lugar que sólo formaba parte del inconsciente colectivo de la gran ciudad y al que, la única persona que se había atrevido a ir, había desaparecido y nunca más había regresado?”.

Comenzó a invadirle un gran temor, una gran angustia. En un momento, Hombre no pudo más y rompió en llanto. El miedo invadió todo su ser y, de pronto, se vio paralizado entre tantas emociones encontradas. Se detuvo para llorar, parecía un bebé que había perdido a su mamá, no tenía consuelo. En ese instante, y luego de lamentar todo lo ocurrido hasta entonces en su vida, de llorar y llorar por la angustia que le había causado la muerte de sus padres, Hombre escuchó una voz en su conciencia que lo alentaba a continuar el viaje.

Estaba a mitad de camino y, según decía la leyenda, el pueblo lejano se encontraba a 200 Km. hacia el oeste de la gran ciudad. Tranquilamente, Hombre podría haber decidido regresar a la ciudad en ese mismo momento. No la estaba pasando nada bien, ya que no tenía idea de con qué podría encontrarse, pero si regresaba a la gran ciudad habría vuelto aún más desilusionado por no haber podido llegar y comprobar la veracidad de la historia.

Al salir en búsqueda del pueblo lejano, Hombre se había despojado de todas sus pertenencias donándolas a un centro de salud cercano que tenía necesidad de los objetos, muebles y ropa que él tenía para regalar. Entonces tomó coraje, y escuchó esa voz en su conciencia que le decía que debía continuar. Ahora sólo le quedaban 100 km. de viaje y debía apurarse para que la noche no cayera de repente y se encontrara en medio del camino en la más completa oscuridad.

Hombre continuó su viaje, siguió caminando con paso firme y decidido. Había muy pocas pisadas anteriores a las de él en el camino de tierra; eso revelaba dos cosas. Por un lado, indicaba que alguien había tomado alguna vez ese mismo camino, es decir, que él no era el único osado que se había animado a ir en búsqueda de ese destino: el pueblo lejano de la leyenda de la gran ciudad, y el Zapatero que fabricaba unos zapatos que cambiaban a las personas.

En segundo lugar, el camino con pocas pisadas también delataba que no eran muchas las personas que habían decidido caminar hacia ese lugar; esto hacía que fuera un privilegiado y formara parte de una minoría que se había atrevido a transitar el camino hacia lo que, hasta ese momento, era desconocido.

Ya iba cayendo la noche y Hombre comenzó a asustarse. ¿Qué ocurriría si no existía nada al llegar al supuesto destino que marcaba el mapa: el pueblo lejano que formaba parte de la fábula de la gran ciudad? ¿Dónde dormiría? ¿Y si algo malo lo esperaba en aquel lugar? ¿Y si el famoso Zapatero no era más que un monstruo que se apropiaba de las personas y las esclavizaba para tener con qué alimentarse? Muchas conjeturas y temores emergieron nuevamente en la conciencia de Hombre. Ahora sólo le quedaban unos pocos kilómetros y debía apurarse porque de otra manera, en la oscuridad de la noche, no podría ver el camino que lo conducía hacia el supuesto pueblo.

En un momento, mientras seguía avanzando y sólo faltaban unos pocos kilómetros para llegar, Hombre comenzó a percibir unos metros más adelante por sobre los árboles, un resplandor de luz como de una gran ciudad. Inmediatamente pensó: “¡He regresado a la gran ciudad!, ¡he tomado el camino equivocado, esta ruta bordea la ciudad y he vuelto al mismo lugar!”.

Había un gran resplandor a lo lejos, el mismo que se veía a la distancia en la gran ciudad donde siempre había vivido. Hombre no entendía nada. ¡El camino hacia el supuesto pueblo lejano donde vivía el Zapatero que fabricaba unos zapatos que cambiaban la vida de las personas era todo una mentira, y en cambio, lo conducía nuevamente a la gran ciudad!. Hombre pensó que lo habían engañado. ¡Tantos años de su vida escuchando la historia de la leyenda popular, para darse cuenta ahora de que era sólo un engaño que la misma sociedad había impulsado para hacer caer a las personas y probar quiénes se atrevían a tomar ese camino en busca del pueblo lejano!

Había algo extraño en toda esta historia y sólo tenía que averiguarlo. A pesar de todo, algo hizo que Hombre siguiera caminando por esa ruta. La noche cayó muy rápido, pero afortunadamente pudo guiarse en el camino gracias a la luz que se reflejaba en los últimos metros antes de llegar al misterioso lugar. Hombre se encontraba apenas a pocos metros, pero había un bosque con enormes árboles, que le impedían ver el corazón del pueblo; sólo podía vislumbrar el resplandor de luz.

Hombre se introdujo entre los árboles. Eran sólo unos cuantos metros los que lo separaban del corazón del pueblo. Al borde de aquel lugar pudo darse cuenta de que se trataba de “una gran ciudad nueva”, diferente, y no de un pueblo como narraba la leyenda. ¡Era hermosa! Hombre quedó estupefacto. Había mucha luz, un gran resplandor que se alcanzaba a ver desde una colina, ya que la ciudad se encontraba en medio de un cálido valle que tenía un aspecto maravilloso.

Comenzó a descender por la colina hacia la ciudad observando cada detalle, cada persona que caminaba por allí, las familias… ¡parecía un mundo muy distinto de la ciudad de la cual él provenía y en la que había pasado la mayor parte de su vida! Inmediatamente, Hombre pensó que tal vez estaba soñando, pero había algo en su interior que le decía que no soñaba, ¡todo era real!; era lo más real que jamás había experimentado.

Hombre veía que las familias caminaban por las calles con alegría de vivir, todos parecían tener dibujada una gran sonrisa, todos se veían felices. Los niños jugaban, las mujeres lucían una energía muy pura y radiante, los hombres se veían muy fuertes y decididos; ambos géneros estaban fusionados en un perfecto complemento de almas.

De repente, Hombre se percató de un detalle: miró los pies de las personas y vio que ¡tenían zapatos que brillaban! Parecían lustrados con un producto especial que los hacía brillar. De los zapatos emergía como un halo de luz tan inmenso e infinito que era difícil de comprender para Hombre. “¿Dónde habían comprado esos zapatos o dónde habían conseguido esa pomada mágica que los hacía brillar tanto?” “¿Qué empresa los fabricaba?” “¿Por qué todos llevaban los mismos zapatos brillantes y hermosos?” “¿Sería un código especial que tenía aquella enorme y luminosa ciudad?” “¿Cómo es que todos poseían el mismo brillo y resplandor dorado en sus zapatos?” “¿Qué tenían de especial?” Todos estos eran los interrogantes de Hombre en ese momento.

Luego del impacto que tuvo al ver a las personas caminar de manera tan diferente de la de los habitantes de su ciudad natal, Hombre recordó la leyenda del lugar: allí vivía el famoso Zapatero que fabricaba unos zapatos que hacían que la vida de las personas cambiara. “¿Quién era ese zapatero?” “¿Acaso todas estas personas lucían tan felices porque usaban esos zapatos hechos por el famoso Zapatero?” A Hombre se le despertó aún más el deseo de conocer a aquel zapatero; quería averiguar de qué se trataba esa mágica experiencia. Pensaba: “¡Qué fácil sería!, compraría los zapatos y ¡listo!, mi vida cambiaría para siempre”.

Las personas allí que veían a Hombre en la calle, observaban sus pies y los zapatos que él llevaba puestos y le lanzaban una mirada cómplice. Hombre no entendía nada. ¿Por qué lo miraban así?, ¿acaso les causaba gracia ver sus zapatos tan viejos y gastados en comparación con los de ellos que eran nuevos y brillantes? Algunas personas parecían mirarlo con compasión. Hombre siguió caminando por la ciudad hasta que encontró un hotel con un cartel en la entrada que decía: “Alojamiento para los viajeros recién llegados”. ¡Qué alegría! Hombre tendría ahora un lugar donde pasar la noche, eso lo alegró mucho y sobre todo, le quitó de encima el peso de no saber dónde dormir.

Hombre entró por la puerta y en la recepción había un señor de aspecto gentil y agradable. Sintió curiosidad por ver si este señor también llevaba consigo esos zapatos tan brillantes, sintió el impulso de acercarse al mostrador para comprobar si los llevaba puestos. Efectivamente, el señor tenía los mismos zapatos. Hombre le preguntó: “¿Por qué todos llevan en esta ciudad los mismos zapatos tan brillantes y bien lustrados que hasta parecen de ciencia ficción?”

El señor recepcionista lo miró con ojos juguetones, con una especie de complicidad y le dijo: “¿Acaso usted no conoce la leyenda?” Hombre se quedó pensativo; ¡claro que la conocía! Era la leyenda que él había escuchado desde niño en su ciudad y la que lo había motivado a ir en búsqueda de aquel lugar; era la historia del famoso Zapatero la que lo había motivado a dirigirse hacia ese destino. Al fin y al cabo, la leyenda decía que ese Zapatero fabricaba unos zapatos que hacían que la vida de las personas cambiara, y hasta ese momento lo que él había podido ver en esa nueva ciudad, era que todos en las calles llevaban puestos esos bellos zapatos y caminaban con un aire de alegría, de felicidad.

Hombre le contestó al señor recepcionista: “Sí, señor, conozco acerca de la leyenda, ella es la que me trajo hasta aquí; tuve deseos de conocer la verdad sobre aquella historia, por eso viajé hasta este lugar”. El recepcionista le dio la bienvenida y lo acomodó gentilmente en una de las habitaciones del hotel.

A Hombre le llamó la atención que el hotel parecía tener muy poco movimiento y sintió el impulso de preguntar: “¿Acaso no hay más huéspedes en este lugar, esta noche?” El señor recepcionista respondió: “No, esta noche sólo usted es nuestro huésped de honor”.

Hombre se sintió importante, contenido y valorado en ese amoroso lugar. Había una calidez en el aire, un juego perfecto de luces que lograba que el hotel se viera acogedor y se sintiera como el propio “hogar”. El lugar tenía una energía de hogar muy hermosa, era como si el aire estuviera impregnado de un sentimiento de paz y tranquilidad. Hombre sentía que su cuerpo se desplazaba con facilidad, como si volara en medio de los espacios, como si su cuerpo fuera más liviano y el aire fluyera igual que sus deseos.

Hombre sintió que ese lugar era mágico, muchas cosas pasaron por su mente, en milésimas de segundos miles de imágenes recorrieron su conciencia. Recordó la gran ciudad, la pérdida de sus padres, todo lo que le había sucedido en los últimos tiempos y el impulso que lo había conducido hasta ese tierno lugar. Hombre se encontró de pronto pensando que si todas esas cosas no hubiesen ocurrido en su vida, nunca habría conocido aquel hermoso lugar, sino que habría vivido toda su experiencia terrenal, inmerso en una única realidad, anclado en su área de confort en la gran ciudad; jamás se habría desplazado hacia un lugar diferente.

Un sentimiento de cansancio, mezcla de agotamiento y depresión, había sido suficiente para impulsar a Hombre a tomar la decisión de partir de la gran ciudad, para ir en búsqueda de la verdad sobre aquella leyenda que lo había acompañado durante todos sus años de vida.

Había ciertas cosas que parecían revelarse poco a poco en su conciencia; era como si el cambio de realidad, de aire y de ciudad lo hubiera ayudado a ver las cosas de una manera mejor.

Todas estas cosas pasaban por la conciencia de Hombre mientras caminaba junto al señor recepcionista hacia su acogedora habitación, lugar donde pasaría una larga noche. Una vez que llegaron hasta la habitación, el señor le abrió la puerta y le enseñó las instalaciones del lugar para que Hombre supiera cómo manejarse. ¡La habitación era magnífica! No había palabras en su vocabulario humano que pudieran describir la energía de ese lugar. ¡Era un sueño!, realmente no había palabras apropiadas.

El señor recepcionista le explicó que allí no usaban llaves en las puertas, por lo tanto, no le entregaría ningún acceso a la habitación. Cuando quisiese salir, él solamente abandonaría el lugar y nadie tocaría ninguna de sus pertenencias; así que podía estar seguro y tranquilo ya que allí no existían los robos, la violencia o los desequilibrios que existían en la gran ciudad de la cual él provenía.

El señor recepcionista parecía un experto en el trato con los turistas que recibían de la ciudad. Era como si se adelantara a los pensamientos de Hombre y le contestara sus preguntas antes de formularlas. Hombre se quedó tranquilo, confió en lo que este señor le había dicho. Luego el recepcionista se despidió y comentó que él estaría en la recepción durante toda la noche, en caso de que llegara a necesitar algo. Le deseó un feliz descanso y regreso al “hogar”. Esta última palabra resonó en todo su cuerpo, era como si algo en él se hubiera activado, como si todo su sistema hubiera respondido a la palabra “hogar”.

El señor recepcionista cerró la puerta y dejó a Hombre para que se aclimatara al lugar, para que fuera descubriendo por sí solo todo ese nuevo despertar de realidad que acontecía ahora en su vida.

Hombre tomó una cálida ducha que vibraba al unísono con la bella energía que se expandía en ese lugar. El agua parecía diferente, perfecta, más fluida, liviana, natural; era como el agua de la montaña que había probado en la Cordillera de los Andes durante unas vacaciones con sus padres.

Hombre terminó de ducharse y se acostó en la cama. Ésta parecía rellena de aire, era tan suave y fluida que llamaba profundamente su atención. “¿De qué estaría hecha?” Se dijo que debería tomar nota de todas las preguntas que venían a su mente porque eran muchas cosas nuevas para él, desconocidas hasta ese momento. Allí se encontraba Hombre, acostado en ese lugar después de un largo viaje. Pensó que al otro día por la mañana estaría preparado para conocer al famoso Zapatero.

Esa noche reflexionó sobre su propia vida como nunca antes. Fue como ver su vida en una pantalla cinematográfica, en la cual le iban mostrando todos los pasajes de su existencia, los momentos felices y los momentos más tristes. Hombre lloró tanto esa noche, que ya no le quedaban más lágrimas por derramar. Lloró como jamás lo había hecho; lamentó no haber llevado a cabo muchas de las cosas que deseaba; lloró la pérdida de sus padres, la falta de amor de una pareja. Se sintió solo y olvidado, no había consuelo para todas las emociones que se precipitaban en el cuerpo mental, físico, emocional y espiritual de Hombre. Era un torbellino de emociones que emergían de todo su ser, como si ahora hicieran explosión todas aquellas cosas que había guardado y reprimido en algún lugar. Todos estos recuerdos hicieron que Hombre se diera cuenta de que deseaba un cambio para su existencia; anhelaba poder vivir como lo hacían las personas en aquella ciudad. ¡Todos parecían caminar muy felices de su existencia en este planeta tierra!

¡Qué lejos había quedado ahora la gran ciudad! ¡Y qué cerca vivenciaba ahora la leyenda que lo había acompañado toda su vida! Estaba confirmando con sus cinco sentidos que esa fábula popular era más real de lo que la gente contaba. ¿Cómo es que nadie incluía en la leyenda también a ese gentil señor recepcionista que lo recibió en la entrada del hotel; o a la gente que caminaba sonriente por las calles con los bellos zapatos, yendo por la vida con una energía de positivismo y luz? La leyenda había dejado de ser algo en su mente subconsciente y comenzaba ahora a formar parte de su propia realidad.

Al terminar de recapitular todas las escenas de su historia de vida, se miró al espejo y percibió que algo había cambiado en él. Su semblante ya no era el de antes, ahora lucía como una persona más segura, irradiaba más firmeza y seguridad en su mirada y estaba emergiendo de él un nuevo ser. Sintió que luego de llorar y vaciar todas sus penas, algo se había disipado. Antes tenía una constante sensación de amargura por estar encarcelado en el nudo de sus emociones; ahora se sentía más libre, vacío, liviano. Estaba más entero. Reflexionó acerca de eso y se dio cuenta de que acumular tanto sufrimiento no lo había hecho más fuerte y audaz, sino que lo había paralizado y oprimido durante toda su vida. Percibió que haber soltado ese tsunami de emociones lo había vuelto más fuerte y seguro.

¡Cuántos años había pasado sin verse a sí mismo como lo hizo ese maravilloso día! ¡Cuánto tiempo había vivido sin detenerse a reflexionar, a observar cada detalle y profundizar en su infinita inmensidad: su propio SER! Se preguntaba cómo había podido sobrevivir tan alejado y escondido de la realidad que ahora se le revelaba por primera vez en su historia. Surgían en su mente muchas preguntas que poco a poco se iba respondiendo a sí mismo.

Ese lugar, esa nueva ciudad estaba pasando a formar parte de un fabuloso “despertar” para Hombre. El camino que lo había transportado hasta ese lugar, la gente, la energía, todo lo conducía a despertar a una nueva realidad que antes había ignorado por completo.

Hombre se acostó esa noche y durmió plácidamente. Soñó cosas bonitas y despertó a la mañana siguiente con muchas ansias de conocer al famoso Zapatero que fabricaba unos zapatos que hacían que la vida de las personas cambiara. Ese día amaneció transformado en un ser completamente diferente del que era antes. Se miró al espejo y continuaba asombrado por tanto cambio. Era una nueva persona.

Hombre comenzó a prepararse para salir, ahora estaba listo para conocer al famoso Zapatero. Pensó que si todos los habitantes de la ciudad llevaban puestos esos zapatos tan nuevos y brillantes, era porque todos se los habían comprado a ese famoso Zapatero. ¿Tendrían un par nuevo de zapatos para estrenar cada día?; ¿o sería que en ese pueblo estaba la fábrica más grande del mundo y todos tenían zapatos de sobra?; ¿o se trataba de una especie de zapatos perennes que no se gastaban con el paso del tiempo y el uso continuo?

Hombre salió de la habitación del hotel y cerró la puerta. Recordó lo que el señor recepcionista le había mencionado la noche anterior: Allí no usaban llaves como lo hacían en los hoteles de su ciudad, donde podían asaltarlo para robarle en medio de la noche. Por lo que Hombre podía vislumbrar, en esa ciudad no había violencia de ninguna clase, todo parecía diferente.

Al dejar la habitación, Hombre descubrió un nuevo detalle del cual no se había percatado la noche de su llegada: en la puerta de la habitación estaba escrito su nombre. Al ver esto, hubo algo que se activó en él, una vibración que estremeció cada una de sus células. Hombre caminó por el pasillo hasta la recepción, donde seguramente pensó que se encontraría con otro recepcionista distinto al que lo había recibido la noche anterior. Su pensamiento lógico y lineal le hacía suponer que hacían cambios de turnos, como en todos los hoteles de su ciudad. Para su sorpresa, cuando llegó a la recepción se encontró con el mismo señor de la noche anterior, el que lo había recibido muy amablemente y lo había guiado para mostrarle las instalaciones del lugar. Hombre le dijo: “La puerta de mi habitación lleva mi nombre, ¿lo colocaron anoche mientras dormía?”

Su pregunta era obvia: ¿En qué momento habrían tallado su nombre en madera, si él había llegado la noche anterior?, ¿habría una fábrica de madera que hacía los nombres de quienes se hospedaban en el hotel en el mismo momento del registro en la recepción? Si fuera así, ¡qué presupuesto destinaban a ese detalle!

El señor recepcionista le contestó que su nombre estaba grabado allí desde mucho tiempo antes de que él llegara hasta ese lugar, y que éste lo había estado esperando con ansias durante años.

Hombre no entendía nada. ¿Cómo podían saber ellos que él se dirigía hasta ese destino desde la gran ciudad?; o ¿cómo podrían haberse adelantado al futuro y saber que él tomaría ese rumbo?, ya que según el señor recepcionista, ese nombre había estado esperando su llegada; ¿se habrían adelantado en el tiempo y habrían preparado todo ese escenario para él?; si así fuera, ¿qué tenía él de especial para que hicieran tal cosa?

Eran muchas las incógnitas sin respuesta en ese momento para Hombre. No se detuvo a preguntar demasiado, ya que el instinto de buscar al Zapatero superaba sus dudas, ya habría tiempo más adelante para averiguar acerca de su nombre grabado en la puerta de la habitación del hotel.

La ansiedad de Hombre fue más fuerte y no tardó en decir: “Llegué hasta acá desde la gran ciudad, porque desde que tengo uso de razón, he oído hablar del famoso Zapatero que vive aquí; es por eso que viajé hasta este lugar, además de otras cosas que me impulsaron a hacerlo, y deseo conocerlo”. Hombre continuó preguntando: “¿Dónde puedo encontrar al famoso Zapatero?, ¿sería tan amable de darme la dirección de su casa?”

El señor recepcionista lo escuchaba atentamente y lo miraba a los ojos, parecía no percatarse de lo que Hombre estaba diciendo; era como si no comprendiera la pregunta. Hombre se dio cuenta, por la expresión de su rostro, que había algo que el recepcionista no entendía. Entonces prosiguió a aclararle: “La leyenda en la gran ciudad de donde vengo, dice que aquí vive un Zapatero que fabrica zapatos que hacen que la vida de las personas cambien; yo he venido hasta este lugar para conocerlo y comprar unos zapatos que cambien mi vida”.

Con un tono un poco más elevado que antes y un tanto caprichoso, continuó diciendo: “Toda mi vida he querido venir hasta este lugar para comprobar la veracidad de la historia. Ahora que me encuentro aquí y veo a todas las personas caminar por la calle, veo que la leyenda era cierta, ya que todos tienen esos zapatos hermosos, con tanto brillo que parecen nuevos. Por eso señor recepcionista, le pido que me indique dónde puedo encontrar a ese Zapatero, necesito verlo con urgencia porque quiero comprarme los mismos zapatos que tiene toda la gente que vi caminar por la calle en esta ciudad. ¡Todos están felices de vivir, se ven tan contentos con sus zapatos nuevos!”

El señor recepcionista lo miró con ternura y, con mucho amor en sus palabras, le dijo: “En esta ciudad no vive ningún zapatero que haga zapatos que puedan cambiar la vida de las personas; tampoco las personas que usted vio caminar por la calle han comprado sus zapatos en un lugar especial; no son sus zapatos los que las hacen felices”.

Una desilusión muy grande se expandió por todo el sistema holográfico de Hombre. El señor recepcionista pudo sentir dicha decepción pero continuó con su discurso: “No son los zapatos nuevos los que hacen a la gente feliz, sino el haber transitado una vida armoniosa, satisfactoria. Ellos han equilibrado y purificado sus almas y espíritus durante el camino de sus propias vidas; esa experiencia es la que ha generado en ellos unos zapatos nuevos y brillantes como los que ve usted relucir mientras caminan.

Conozco la leyenda que usted menciona porque a diario recibimos viajeros que llegan a este lugar, guiados por esa misma fábula, pero déjeme decirle que no existe un Zapatero en esta ciudad que cambie a las personas; sino que son las personas mismas las que deciden cambiar sus propios zapatos en el camino que realizan hasta aquí. Es en ese camino donde deben animarse a ir en búsqueda de lo desconocido, donde ellos mismos deben decidir dejar atrás sus viejos zapatos, lustrarlos y transformarlos en nuevos. No sé si usted se ha dado cuenta y ha mirado sus pies… pero usted tiene ahora zapatos nuevos, brillantes y puros como los míos.”

Hombre, asombrado por la respuesta del señor recepcionista, miró hacia abajo y al ver sus pies, se dio cuenta de que él ahora tenía los mismos zapatos nuevos y resplandecientes. Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Era toda una revelación para él!, ahora lo comprendía todo.

El señor recepcionista continuó: “No existe en esta vida un Zapatero que fabrique zapatos que hagan que la vida de las personas cambien. Usted es el propio Zapatero de su vida. Es usted quien puede hacer que sus zapatos estén más puros, limpios y brillantes; o seguir caminando con los mismos zapatos gastados, viejos y llenos de tristes pisadas.

Es usted el Zapatero de su propio destino, quien elige los zapatos con los que desea transitar su camino. Y déjeme decirle que si usted ha llegado hasta este lugar y ha transitado todo el camino desde la gran ciudad, es porque se atrevió a descubrir una nueva realidad. Usted vino en búsqueda de ese famoso Zapatero que fabrica zapatos que hacen que la vida de las personas cambie; pero se ha encontrado con que este lugar no es un pueblo, sino una gran ciudad donde viven personas con bellos y nuevos zapatos fabricados por ellos mismos.

Quiero decirle que es usted el Zapatero que fabrica sus propios zapatos que hacen que su vida cambie. Es usted quien elige cada pisada en este mundo y el camino a transitar. Es usted quien elige los zapatos con los que desea caminar y quien puede cambiarlos durante el viaje, si los que tiene no le brindan satisfacción, confort o estabilidad. Es usted quien decidió dejar atrás su ciudad, donde seguramente se sentía triste y amargado, y ha limpiado sus viejos zapatos durante el viaje hasta este lugar. Es usted quien ha purificado las pisadas que le causaron una profunda tristeza en su vida, al quedar arraigadas en los viejos zapatos y hacer que estos luzcan viejos y gastados. Por fortuna, ahora usted ha podido transformarse durante el trayecto desde la gran ciudad hasta aquí, porque el viaje mismo lo convirtió a usted en una nueva persona: el Zapatero.

Por lo tanto, se dará cuenta de que aquella leyenda es parcialmente real, pero que no existe tal Zapatero en este pueblo, sino en el interior de cada ser humano que se aventura a llegar hasta aquí y transmutar muchas cosas durante el viaje. No hay un solo Zapatero, sino miles y son todas las personas que usted ve caminar por las calles de esta hermosa ciudad con sus zapatos nuevos. Esas personas decidieron emprender el viaje hacia lo desconocido, realizar el trayecto desde la gran ciudad hasta este lugar. Han recorrido un largo camino como el que ha recorrido usted desde la incomodidad de sus zapatos viejos y gastados, para comenzar a caminar ahora con sus nuevos y relucientes zapatos; todas esas personas han cambiado su realidad, han salido en búsqueda de lo desconocido y han limpiado y purificado sus viejos zapatos para convertirse cada uno en ‘el Zapatero’ de su propio destino”.

Y así es.

Kryon

Mensajes y enseñanzas de la historia por Kryon

Hola mis queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.

Y aquí estamos amados míos, muy contentos de poder hablar y expandir sus conciencias con esta mágica parábola: El zapatero. La esencia espiritual del cambio.

Algunos se estarán haciendo muchas preguntas acerca de la parábola, y quiero decirles que se queden tranquilos, que si se encuentran en este momento en la misma experiencia del viaje que realizó Hombre en la historia, irán decodificando cosas en la medida que avancen en sus caminos.

Hay muchas enseñanzas que queremos transmitir acerca de la historia, es por eso que hemos decidido abrir una nueva canalización para que, a través de mi compañera María José, se puedan comunicar todos los mensajes que relataré a continuación.

Este mensaje llega en un momento sumamente apropiado para ti, querido lector. Voy a compartir contigo todas las enseñanzas que hoy deseamos comunicar acerca de la historia. Se volverá a brindar más conocimiento posteriormente, a medida que mi compañera María José avance con su trabajo aquí en la tierra.

Les pregunto: ¿cuántos de ustedes han buscado en la vida a ese famoso Zapatero?; ¿cuántos de ustedes, guiados por la leyenda de lo que su ADN ancestral les ha dicho, han buscado a ese famoso zapatero que podía solucionar sus problemas y cambiarles la vida con un toque mágico? Mis queridos, esto es una metáfora de lo que muchos de ustedes buscan en esta nueva era. Conociendo ahora la parábola, ¿qué prefieres: buscar al famoso Zapatero que puede solucionar tu vida mágicamente, o ser tú “el Zapatero de tus propios zapatos”, acomodar tus pisadas y programar el camino por el que deseas transitar?

Tú eres el responsable de tu propia vida y de tu propio destino. ¿Cuántas personas hay ahora en la nueva era, cruzando desde la gran ciudad hasta un supuesto pueblo que forma parte de una leyenda, para lograr encontrar la solución mágica a sus problemas? ¿Cuántos de ustedes se han sorprendido en ese camino de búsqueda y se han dado cuenta de que es el viaje lo que los ha cambiado? ¿Cuántos de ustedes se han dado cuenta de muchas cosas en el viaje, han recapacitado y reconsiderado temas de sus propias vidas? ¿Quizás nunca se habrían hecho esas preguntas estando pasivos, sin accionar y sin lanzarse a la búsqueda de nuevos horizontes, de nuevas respuestas, de nuevos desafíos?

Mis queridos, permítanme decirles que hay muchas personas que, al igual que Hombre en la parábola, se han animado a buscar, a salirse de lo que les han dicho y han deseado experimentar el viaje por sí mismos. Quisiera contarles que es en ese viaje individual donde surgen las verdaderas “reconsideraciones”, que no son más que “reprogramaciones” que ustedes hacen en su Mercaba. Allí es donde cambian el registro de su ADN interdimensional; esto los lleva hacia una nueva perspectiva, los hace cambiar su realidad y expandir sus conciencias.

Un viaje sin expansión de la conciencia no es un verdadero viaje hacia la esencia espiritual del cambio. Es difícil que ustedes modifiquen sus improntas, si antes no han pasado por el discernimiento y el despertar del amor, el cual genera que la oscuridad se desvanezca para siempre de sus vidas.

Son ustedes los propios zapateros de su historia, ustedes deciden la plataforma sobre la que quieren caminar (una metáfora del registro que llevamos en el ADN interdimensional, con el cual andamos toda la vida). ¿Desean tener zapatos viejos y gastados (las viejas cargas del ADN), o desean pararse sobre zapatos nuevos y coloridos (sobre un ADN purificado, trasmutado en amor)?

Ustedes deciden en esta nueva era. Tal como le dijo el recepcionista a Hombre en el diálogo final de la historia: “No existe el Zapatero mágico que fabrique zapatos que hacen que las vidas de las personas cambien, son ustedes los responsables de la plataforma sobre la cual caminan y si no están conformes con los zapatos con los que han andado siempre, ahora los pueden cambiar por unos nuevos”.

No existe el Zapatero que resuelve los problemas de la gente; existe gente que resuelve sus propios problemas, personas que toman la iniciativa de cambiar y van detrás de la solución, en un viaje en el cual deben ser responsables y partes activas de la búsqueda. Claro que hay quienes les facilitan herramientas, terapias o formas de ayuda, pero en definitiva son ustedes los que eligen por su propio libre albedrío.

En la historia, ¿quién piensan ustedes que era el facilitador y catalizador del cambio que Hombre quería experimentar?
El recepcionista de la historia representa en un solo perfil a todos los trabajadores de la luz, que sirven de facilitadores y activadores de la llama de luz en otras personas. La palabra “recepcionista” esconde en sí otro significado que está implícito en la historia y que es importante tener en cuenta en el contexto de la parábola, porque alude a la metáfora de cambio que colabora catalizándolo en las vidas humanas.

Un recepcionista es una persona que se encuentra en algún lugar y está encargada de “recibir” a alguien o algo; está siempre en actitud de recibir; por lo tanto, esta impronta siempre vive activa en esa persona. ¿Quiénes piensan ustedes que son los recepcionistas de esta nueva era? ¿Acaso son los humanos que viven en la luz y que siempre están activos con su impronta, para abrir su faro y servir de guía a los demás humanos que acuden a ellos en búsqueda de ayuda y de una solución? Déjenme decirles que un recepcionista está preparado para recibir a alguien, de hecho su trabajo consiste en esto, pero si espera a alguien es porque primero tiene algo que “dar”; y quien acude a él es una persona que necesita recibir algo.

Ustedes me preguntarán: “¿Kryon, acaso en la historia el personaje del recepcionista representa a los guías y faros de luz que trabajan en esta nueva era?” La respuesta es “sí”, mis queridos. Y además fíjense en el siguiente detalle: el recepcionista de la historia siempre estuvo en ese lugar esperando a que llegaran nuevos “buscadores”, nuevos potenciales humanos que irían detrás de la verdad y el despertar hacia una nueva realidad. El recepcionista conocía muy bien su rol en el cambio de las personas. Sabía que su deber era catalizar la búsqueda y el deseo de cambio de la persona, respetando los procesos y ofreciendo su servicio para cuando su “huésped de honor” así lo requiriese.

La historia está llena de mensajes que se han presentado en forma de metáfora. Quizás hoy puedas ver el significado de algunas cosas; quizás con el tiempo vuelvas a leer esta historia y encuentres nuevos significados. ¿Sabes por qué sucede esto? Porque tú serás un nuevo lector para este mismo relato, porque el tiempo habrá pasado para tu realidad lineal y seguramente muchos cambios habrán sucedido en tu vida; entonces tu visión habrá cambiado y serás capaz de tomar nuevos detalles de la historia de los que antes no te habías percatado. Tal vez me preguntes: “Pero Kryon, ¿cómo puede ser esto si la historia sigue siendo la misma y nada ha cambiado?” La historia, la energía seguirán siendo las mismas, lo que habrá cambiado será el ojo del observador: ustedes, quienes podrán ver ahora nuevas cosas que antes permanecían ocultas en su inconsciente pero que saldrán a la luz cuando su espíritu esté preparado para ello.

Querido lector, querido humano, me complace haber llegado hasta acá y haberte contado esta hermosa historia. Me complace ver que el camino de Hombre en la parábola, es el camino que muchas personas ya han decidido emprender en esta nueva era, y que se trata nada más y nada menos, que del “proceso de evolución” más grande que están realizando como humanidad. Todos juntos están co-creando día a día la hermosa ciudad (que ya dejó de ser lejana), donde ahora viven personas que lucen hermosos zapatos nuevos, donde no existe la violencia, el rencor, la ira ni el dolor; es un lugar donde sólo vibra la alegría, el amor, la seguridad, la confianza y el equilibrio. Ese lugar vive en la conciencia de cada ser humano, ese lugar está dentro de ustedes, y es tarea de ustedes manifestarlo en el “ahora” de sus vidas; ésa es su tarea en esta nueva era: co-crear el camino hacia aquella bella ciudad donde viven personas que hacen zapatos que transforman sus propias vidas.

Ustedes son “el Zapatero” de su propio camino. Reflexionen sobre esto y piensen con qué plataforma, con qué zapatos desean caminar de ahora en adelante.

Y así es.

Kryon

Canalizado por María José Bayard

Parábola del Libro 1 de Kryon «Historias para despertar en la Nueva Era» canalizado por María José Bayard

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Esta canalización ha sido publicada gratuitamente con el fin amoroso y voluntad de elevar la conciencia espiritual del ser humano. Puedes difundir la misma las veces que desees, siempre que se publique el texto completo mencionando a la autora y fuente: https://simboloscuanticos.com Por lo tanto no se autoriza la circulación del mismo con fines económicos ya que cada contenido de ésta página se encuentra protegido por los derechos de autor. ¡Muchas gracias!.

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