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Posted by on Ene 8, 2015 in Notas | 0 comments

Quién soy

Quién soy

Mi nombre es María José Bayard. Soy Escritora, Canalizadora de Kryon y creadora de la Técnica Símbolos Cuánticos de Kryon y Claves tonales Pleyadianas.

Nací en el norte de Argentina, en un lugar llamado Tucumán. Crecí en una familia con papá, mamá y cuatro hermanas mujeres, es decir que en total éramos cinco hijas. Desde entonces, el número cinco comenzó a ser parte de mi destino.

Cuando llegué a la edad de 23 años, comencé a despertar luego de muchos años de adormecimiento profundo, de vivir inundada por el drama de la vida y de llevar en mi ADN un bagaje de cosas que necesitaban ser transmutadas. Mi vida entonces se estaba volviendo cada vez más pesada y desequilibrada.

Hubieron muchas personas en el camino del autoconocimiento que me guiaron amorosamente a despertar poco a poco a una vida espiritual.

Nunca me imaginé encontrarme en este mundo en el cual estoy sumergida ahora…
Cuando comenzó mi despertar, descubrí que todos estos temas de espiritualidad, terapias alternativas, formas de sanación, equilibrio interior, entre otros, me fascinaban.

A los 23 años, tomé un curso de memoria celular. Luego seguí con talleres y otros cursos, y a la edad de 25 años me animé a realizar mi propio trabajo. Parece ilógico pensar que uno pueda tener miedo de realizar algo que le apasiona… pero sucede que muchas veces no nos entregamos lo suficiente y somos “tibios” ante nuestro propósito en la vida. Así me encontraba yo hace no mucho tiempo: tibia. Quería avanzar en mi trabajo, pero había una parte inconsciente en mí que no deseaba hacerlo. La tentación de volver a caer en residuos de la vieja energía siempre está tentándote, llevándote hacia el camino que supuestamente es más fácil, pero que en definitiva no te hará feliz.

En medio de muchas crisis, miedos y angustias, descubrí que lo que me impedía avanzar era un gran temor a enfrentarme con el propósito de mi vida. Pienso que a todos nos sucede en mayor o menor medida, ya que la vida se trata de eso: descubrir lo que nos apasiona hacer, aquello por lo que realmente nuestra existencia aquí en la tierra vale la pena.

En los momentos de crisis en los cuales me sentía muy perdida, observaba la vida de algunas personas que para mí, son y fueron referentes y mentores muy importantes, y me preguntaba cómo hacían ellos para estar tan enfocados en su deseo de trabajar. Un día, algo se activó en mi conciencia y entendí que realizar el trabajo que uno viene a hacer en la tierra requiere de un “compromiso”. No de un compromiso a tiempo parcial, tibio o “light”, sino de uno verdadero.

Sanando un sentimiento de soledad muy profundo para poder estar lista para vivir mi propósito

Un día junto con mi esposo (mi compañero álmico, mi compañero en la luz y mi terapeuta), participé de una sesión de Reprogramación Interdimensional del ADN, para sanar el origen de ese sentimiento de soledad. Trabajamos con el sistema de terapia que él mismo co-creó y canalizó de la amorosa entidad Sanat Kumara. El sistema se denomina SRI ADN: “Sistema de Reprogramación Interdimensional del ADN”, y es una bendición para la humanidad. Gracias a su trabajo y las herramientas que este sistema posee, pude sanar, al igual que muchas personas que lo utilizan actualmente en Argentina, Chile y México, la línea de nuestro ADN: las experiencias de esta vida, el paquete kármico que traemos de otras vidas y la relación con nuestros ancestros, entre otras cosas.

Lo que descubrimos en esa sesión de reprogramación fue sorprendente. Todos llegamos a la vida como humanos y aun aquí, seguimos conectados con los ángeles, el velo interdimensional y los guías. En un momento de nuestra vida, tenemos que salir de ese mundo de energía espiritual y nos vamos abocando al mundo de las formas y estructuras humanas. Nacemos y llegamos a la tierra, un lugar completamente diferente del cual provenimos que es el velo eterno, donde formamos parte del TODO y donde todos somos UNO.

En esa sesión, regresé a la edad de cinco años cuando comencé a ir al jardín. Tengo vagos recuerdos de mi niñez entre los cero y los ocho o nueve años, la verdad es que recuerdo muy poco. Creo que era una niña que se abstraía mucho de la realidad cuatridimensional y vivía en un mundo más bien imaginario, un lugar donde podía sentir y compartir experiencias paranormales con “amiguitos invisibles”: ángeles guardianes.

A la edad de cinco años, sentí que tuve que abandonar bruscamente ese mundo imaginario en el cual me sentía segura y acompañada, para enfrentarme a una nueva realidad: me encontraba, una vez más (como miles de otros humanos), en la tierra. Muchos de nosotros hemos encarnado una y otra vez, y el viaje de morir y nacer ya se ha convertido en una constante. Cuando la conciencia de esa niña de cinco años percibió que estaba nuevamente en la tierra, encarnada nuevamente en el cuerpo de un humano, sintió una enorme tristeza y deseó profundamente volver a la fuente, al hogar, al lugar en donde hacía muy poco había estado.

En esa sesión, yo deseaba sanar un sentimiento de soledad que me había acompañado siempre hasta la adultez. Entonces descubrimos ese episodio, a la edad de cinco años cuando comencé el jardín. Esa etapa significó un cambio de realidad muy grande para mi conciencia, significó encontrarme con un mundo nuevo, una nueva adaptación. Recuerdo que me costaba comunicarme con mis compañeritos, no hablaba casi con nadie, ya que no entendía qué era lo que estaba haciendo ahí. En esa sesión, tuve que sanar a esa niña que había recibido la conmoción de salir del mundo imaginario para toparse con el mundo de las formas humanas: hacer la tarea, relacionarme con otras personas, realizar actividades humanas.

Luego de vivir esta experiencia y de sanar ese acontecimiento en mi conciencia, sucedió algo muy curioso. En otras sesiones de las que participaron otras personas para sanar la niña o el niño interior, surgió este mismo tema. Sin conocerse entre sí, muchas personas dijeron experimentar lo mismo, por ello discerní la siguiente teoría:
En la conciencia humana, cuando somos niños, se activa algo que nos indica que estamos nuevamente en la tierra. Pienso que hay una parte de nosotros que ya sabe lo que va a ocurrir, cómo es la vida en la tierra (recordemos que ya lo hicimos una y otra vez). Como muchos de nosotros traemos pesadas cargas en nuestro ADN, ya estamos cansados de sufrir y padecer siempre lo mismo; por lo tanto, en el momento que ese conocimiento cae en nuestra conciencia, lo primero que deseamos es querer volver a la fuente.

Gracias a las herramientas y el conocimiento de esta nueva era podemos sanar en profundidad esos sentimientos que quedaron arraigados en nuestro ADN, en nuestro Mercaba, y que llevamos de generación en generación.

Quizás éste sea un mecanismo por el que todos los humanos pasamos en algún momento de nuestra vida, y crecemos con el sentimiento de soledad de estar alejados una vez más de la familia universal. Aunque en realidad estamos conectados, unidos y siempre seremos parte del TODO y el UNO al mismo tiempo. Pero se trata de un cambio de realidad, de la salida de un universo hacia otro que genera una conmoción para nuestra conciencia en algún momento. Claro que este sentimiento no lo hacemos consciente ni lo podemos sentir en estado ordinario de conciencia; en mi propio caso y el de las personas que experimentaron lo mismo en otras sesiones, lo hicimos en un estado de extrema relajación y expansión de nuestra conciencia, lo cual nos permitió conectarnos con ese sentimiento tan profundo para poder sanarlo y neutralizarlo.

Kryon dijo en uno de sus mensajes que todos los humanos en un momento de nuestras vidas sufrimos el sentimiento de abandono; ya que en un momento de la vida dejamos de estar apegados a los guías y el ser superior y comenzamos a invadirnos con las formas humanas, de manera que nuestra atención comienza, casi obligadamente, a enfocarse en esas cuestiones. Empezamos a tener menos tiempo para jugar, para estar en paz, en calma, para disfrutar de las estrellas por la noche y el sol durante el día, e inevitablemente comenzamos a tener “problemas”, lo cual nos sumerge aún más en el mundo de las formas y emociones humanas. Es simple: nuestra atención pasa a estar en otras cosas y comenzamos a tener menos tiempo para nuestro espíritu.

Pienso que eso es algo que se puede remediar y que con el paso de los años tenderá a equilibrarse. Cada vez existe más conciencia espiritual en el mundo y muchos de los padres de hoy, son “padres índigos” nacidos bajo otro impulso energético. Muchos papás en la actualidad han despertado a una vida espiritual y poseen una educación al respecto; tienen más conocimiento sobre ciertos temas y son capaces de ayudar a conservar la conexión natural y activa del niño con Dios. Viven también su experiencia en la tierra pero mantienen siempre activa esa brisa interior de paz, espiritualidad y espontaneidad, permitiendo que el niño interior feliz se exprese. Es ese niño el que nos permite conectarnos con Dios. Cuanto más sano esté nuestro niño interior, más nos conducirá éste a experimentar el amor del padre (Dios).

Luego de un profundo e intenso camino de auto-sanación me encontré lista en este año 2013 (a mis 28 años) para terminar de bajar toda la técnica delos Símbolos Cuánticos y Las Claves Tonales Pleyadianas. Esta última técnica es una cuenta pendiente que tenía con la energía de los hermanos de Las Pléyades, ya llegará el momento apropiado para hablar sobre eso.

Por último quiero compartirte que mi propósito y mi misión se enfocan en colaborar con la ascensión planetaria hacia una nueva conciencia. A través de la técnica Símbolos Cuánticos y las Claves Tonales Pleyadianas deseo transmitir todos los conocimientos que están a mi alcance para ayudar en el despertar de las personas que deseen abrir su espíritu a un universo de espiritualidad y conexión con su “ser superior”.

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