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Posted by on Ene 9, 2015 in Canalizaciones Kryon, Notas | 0 comments

Recordando las raíces

Recordando las raíces

Hoy, piso el campo y recuerdo mis raíces, la tierra que me vio nacer. Cierro los ojos y respiro los sueños que en esos momentos anidaban en lo profundo de mí ser. Respiro el olor a tierra mojada. Levanto la vista y veo en el horizonte a los cerros tucumanos. Me conecto con la Pachamama, la dejo entrar. Ella me habla bajito al oído, me recuerda todo lo que he andado para poder hacer realidad mis sueños. Me recuerda que no he dejado nada; simplemente cada recuerdo forma parte de mi linaje personal, se encuentra sellado en mi memoria celular.

Recuerdo mi conexión con los seres de la tierra, aquellos que la siembran, la cuidan, la dejan crecer y la saben cosechar. Observo sus manos cosechando arvejas… Recuerdo las miradas de aquellos niños recogiendo el alimento que la tierra nos ha dado para alimentarnos.
Veo que algunos esconden algunas cosechas para llevar a sus casas… Recuerdo el sabor de la verdura recién cortada. Me recuerdo yendo a buscarla luego del trabajo para llegar a casa a cocinar. Aun veo mis manos cosechando vainas, siento la ilusión de la granja…

Veo el cerro, observo mis pies, están de nuevo parados en ése espacio y me permito cosechar mi propio cambio.

Soy feliz con cada elección, no me arrepiento de nada. Todo es perfecto. Siempre que elegimos un camino, otro quedará suspendido en el potencial que podría haber resultado.

Siempre que tomamos una ruta, habrá miles que quedarán sin transitar, esperando que algún día las veamos y podamos conocer su sabor en el viaje.

Hice muchas cosas en mi vida: Fui locutora de radio durante 4 años. Llegaba todas las tardes al lugar desde dónde transmitíamos. Allí me esperaba Susy, la operadora, sentada frente a la computadora con sus ricos mates, lista para lanzar la cortina musical con la cual arrancaba el programa que se llamaba “Onda Joven”

Luego fui productora en un concurso de canto, que preparé en el programa de radio, y solicitábamos a los oyentes que se postularan para participar. Iban y cantaban en vivo. La gente los escuchaba y luego llamaba a la radio y los votaba.

Después crecí, me asocié con una cantante e hicimos el mismo concurso pero por la televisión del cable local. Se llamaba “Canto & Fama 20-05”
Después de un tiempo hice una revista con mi hermana que llevaba el mismo nombre del programa de radio y se dirigía a la gente joven.
Estudié cocina, periodismo y teatro. En otra etapa de mi vida también fui vendedora de la distribuidora de mi papá, hasta que finalmente incursioné en la siembra en el campo para surtirnos de nuestros propios alimentos orgánicos. De ése lugar se alimentaron muchas familias.
Lo cierto es que conocí el campo y la ciudad. Hoy puedo decir que el campo tiene una magia especial.

Hoy, visito a Don Orellana y su familia. Les grito desde afuera de su casa: “¡No sé si alguien se acuerde de mí!” Sale la Señora Uto (mujer de Don Orellana) hacia la puerta y grita a su esposo que está adentro: “¡Es la María José! ¡Es la María José!” (En el norte, el artículo “la” se antepone al nombre)

Me ofrecen sentarme a tomar sus ricos mates con los famosos “bollos” caseros (pan de campo).

Me siento con ellos en la ronda… Hace más de 7 años que nos los veo. Recordamos los viejos tiempos cuando sembrábamos todo tipo de verduras. El amor revive, nunca se apagó, solo había dejado de ser regado. Recuerdo sus miradas, la calidez de las personas de la tierra, del campo… Te entregan todo lo que tienen y pueden dar. Su espíritu es bondadoso y generoso.

Doña Uto prepara una bolsita con unos huevos caseros para llevarme a casa. Les agradezco por todo lo brindado. Los despido prometiendo regresar, aunque les digo: “Cada vez que quieran que regrese, solo tienen que pensarme y aquí estaré con ustedes. Lo mismo será para mí”
No podemos perder algo que ya hemos vivido, el sentimiento vive en la memoria emocional, es parte de nuestras células, a menos que queramos borrarlo. La buena memoria jamás debería olvidarse porque edifica lo que somos en el presente.

Hoy, atesoro la memoria de mis raíces.

Rechinan los caballos. Me voy.

Recordando las raíces encontré el fruto del trabajo constante… con amor, dedicación, iniciativa, esfuerzo…

Recordando las raíces entiendo que el lugar que elegimos para nacer es ni más ni menos que el nido perfecto que nutrirá a nuestra alma de los aprendizajes que debemos consumar en esta vida. Sin raíces no hay árbol. Sin árbol no hay oxígeno. Sin oxígeno se acaba la vida.

Recuerda tus raíces. Ama a tu tierra y agradécele por haberte permitido “existir”

Y así es.

María José Bayard

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