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Posted by on May 6, 2020 in Notas | 0 comments

Sanar el Padre, sanar la Madre: Sanar los cimientos que nos dieron vida

Sanar el Padre, sanar la Madre: Sanar los cimientos que nos dieron vida

 

Sanar el Padre, sanar la Madre
Sanar los cimientos que nos dieron vida

Tener la capacidad de mirar hacia el pasado requiere el valor de mirar hacia atrás desde un punto neutro que nos permita abordar el dolor como una puerta a la sanación.

Porque cada experiencia se ha presentado como parte de una gran obra, y cada pieza ha tenido que tomar el papel que la gran obra requería para tener un final, y ese final es la evolución de las piezas que la conforman.

Sin embargo, no es y nunca ha sido sencillo mirar hacia atrás con los ojos cargados de honestidad y transparencia, porque las experiencias y emociones nos han cargado de velos que nos impiden mirar lo positivo en lo negativo. Pero siempre lo negativo tendrá el potencial de volverse positivo.

Personalmente, he viajado a los confines de mi ADN y campo energético para abordar dolores que creía sanados pero simplemente estaban enterrados, para mirar distinto hacia verdades que tenía profundamente instaladas en mí, para dar cabida a la posibilidad de que las cosas en realidad no eran como fuertemente lo había creído durante tantos años, porque la vida es una ilusión y dar sentido a la ilusión requiere hacer consciente lo inconsciente, elevar lo que se encuentra enterrado, iluminar aquello que se ha ensombrecido.

El dolor y las experiencias son reales, las emociones que se nos quedan guardadas y las reacciones que devienen de todo esto que traemos en nosotros también lo son, pero la perspectiva, la perspectiva siempre puede ser distinta, porque lo que nosotros registramos esta basado en nuestra propia percepción, y nuestra percepción no es la única dentro del gran abanico de posibilidades y probabilidades que es la realidad, el escenario se puede mirar desde muchos lugares, y el lugar desde el que nosotros generalmente miramos es sólo uno.

Sanando a la Madre y al Padre Interior que viven en mí pude ponerme en el lugar de ellos, entender de dónde vinieron sus conductas, reacciones y exigencias, pude sentir el dolor que sus propios padres sembraron en ellos, y los padres de sus padres en sus cimientos, y una larga cadena de herencias ancestrales que por mucho tiempo nadie llegó a entender, pero sí a revivir, apropiándose de lo que ya nadie recuerda a quien le correspondía, porque la gran obra ha sido una larga y dura carrera de supervivencia hasta ahora, hasta ahora donde todo cambia para sembrar un desenlace que engrandezca el camino transitado y recorrido.

Y me di cuenta de que todo lo que mis padres registraron en mí estaba más allá de ellos, porque ellos no tenían las herramientas para ser conscientes, para darse cuenta, porque no existía siquiera la energía necesaria para transformar lo que ellos venían cargando. Y lo que durante tantos años miré solamente desde mi perspectiva en instantes se transformó en un gran entendimiento, hacia ellos, hacia mis abuelos, bisabuelos y más. Y el dolor pudo transformarse en amor, comprensión, compasión y entendimiento, en el lugar del otro pude ver las variantes en el escenario. Y la gran obra se iluminó al contemplar las nuevas perspectivas.

Es que ahora es momento, es momento de iluminar aquello que nunca antes había sido iluminado, tomar las herramientas y la energía de este nuevo amanecer y hacer brillar el alba en el desenlace de esta gran obra, llevando a cada pieza la grandeza y evolución que merecemos, sembrando un final que nos llevé a contar nuevas historias.

🌷 Alba Hernández

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